13 agosto 2016

ESPARTACO Y LOLA

Mary Beard, a quien los viejos dioses griegos bendigan, y John Henderson escriben en su imprescindible introducción al mundo clásico que los estudios sobre la antigua Grecia y la antigua Roma pueden implicar sentarse en una biblioteca y leer a Pausanias o irse a revolver en un vertedero de la Antigüedad, y que ambas actividades son esenciales. La “Descripción de Grecia” de Pausanias no es menos importante que un trozo de cerámica, y el tiempo que Indiana Jones pasa en la biblioteca de su universidad no es menos importante que el tiempo que emplea en buscar el Arca de la alianza. El mismo doctor Jones dice a sus alumnos en “Indiana Jones y la última cruzada” que la arqueología busca el hecho, no la verdad, y que si lo que les interesa es la verdad, la clase de Filosofía está en el pasillo del fondo. Del mismo modo, podríamos decir que el cine histórico busca entretener, y que si a los espectadores lo que les interesa son los hechos o la verdad, deben recurrir a Pausanias, a los vertederos y al pasillo del fondo.

El pasado jueves, TCM programó la película “Espartaco” y La 2 emitió “Juana la loca… de vez en cuando”. Por supuesto, no podemos comparar a Stanley Kubrick con José Ramón Larraz ni a Kirk Douglas con Lola Flores, pero ni la película que nos habla de la libertad, de la dignidad y de la amistad con la excusa de un Espartaco imaginado por el guionista Dalton Trumbo que adaptó una novela de Howard Fast ni, por supuesto, la comedieta gruesa inspirada lejanísimamente en Juana la Loca buscan los hechos ni la verdad, sino entretener. Es tan ridículo enfadarse con Trumbo por idealizar a Espartaco como mosquearse con Juan José Alonso Millán por presentarnos a una Isabel republicana. No es para tanto. Los que estén interesados en los hechos de Espartaco y de Juana la Loca pueden sentarse en una biblioteca, y los que pretendan alcanzar la verdad de una revuelta de esclavos que puso en jaque a Roma y de una mujer que acostumbramos a etiquetar como “loca de amor” pueden darse una vuelta por el pasillo del fondo. Pero un jueves de agosto, qué quieren que les diga. El Espartaco de Kubrick me sigue conmoviendo y la sonrisa de mi madre cuando me explica quién fue Lola Flores me alegra la noche.