21 agosto 2016

LOS LÍMITES DEL MUNDO


Si la filosofía, como decía Wittgenstein, es una lucha contra el embrujamiento de nuestra inteligencia mediante el uso del lenguaje, podría decirse que Zahira (12 años), Carlos (11 años), Jackson (11 años) y Samuel (13 años) han vencido en esa lucha porque cada palabra que pronuncian significa exactamente lo quieren decir, y es imposible que nadie que les escuche caiga en ese embrujamiento que esconden palabras como “progreso” o “libertad”. Zahira, Carlos, Jackson y Samuel son los protagonistas de “Camino a la escuela” (Xtra), un documental acerca de la aventura diaria que supone para estos niños ir a la escuela. Zahira, 22 kilómetros, cuatro horas caminando por el Alto Atlas (Marruecos). Carlos, 18 kilómetros, una hora y media a caballo por la Patagonia (Argentina). Jackson, 15 kilómetros, dos horas por Laikipia (Kenia). Samuel, 4 kilómetros en silla de ruedas arrastrada por sus hermanos, una hora y quince minutos en la Bahía de Bengal (India). El documental, estoico y exacto en sus bellísimas imágenes, presenta a estos niños como héroes, pero la palabra “héroe” nos embruja y nos confunde.

No hace falta que el lenguaje nos embruje para que entendamos el valor de Zahira, Carlos, Jackson y Samuel. Cuando el padre de Jackson despide a su hijo a las cinco y media de la mañana diciendo que espera que vuelva de la escuela más valiente, fuerte, inteligente e instruido, esas palabras amplían los límites de nuestro mundo; pero cuando explicamos a nuestros hijos que tienen mucha suerte porque pueden ir al cole caminando unos minutos o en autobús es probable que no nos entiendan porque las palabras “suerte” y “cole” no significan lo mismo para todos. Creo que TVE debería emitir “Camino a la escuela” los primeros días de septiembre y liberar así a padres, pedagogos y publicistas de “El Corte Inglés” de la ingrata tarea que supone dirigirse a los niños que como Felipe, el amigo de Mafalda, no ven nada claro qué tiene de bueno el fin de las vacaciones. Por cierto, yo no pude ver el final del documental porque cuando se pinchó una de las ruedas de la silla de Samuel y sus hermanos tuvieron que empujar todavía más fuerte pero sin perder la sonrisa, los límites de mi mundo se ensancharon tanto que me quedé sin fuerzas. Ya me contarán cómo acabó la historia de Samuel y su silla, de Zahira y su gallina, de Carlos y su caballo y de Jackson y su lucha para esquivar a los elefantes.