20 agosto 2016

CANAL TURISMO


Los documentales de viajes son un subgénero de los documentales de animales en el que en vez de tigres, leones, arañas y buitres salen muchos seres humanos vestidos de mil formas diferentes, comiendo cosas que para algunos harían vomitar a una cabra y viviendo la vida de formas tan diversas que es inevitable que el espectador se vuelva un poquito existencialista y termine haciéndose preguntas acerca del ser y del existir que, por supuesto, no tienen respuesta. Los documentales de viajes de La 2 o de Canal Viajar, como las canciones y bailes de la película “Un día en Nueva York” o cantar una rock and roll en la plaza del pueblo con “Tequila”, son un chute de optimismo. Pero si Canal Viajar se llamara Canal Turismo, algunos dejarían de verlo porque, claro, la palabra “turista” no tiene la elegancia de la palabra “viajero”.

A la escritora Leila Guerrero no le gusta Florencia porque le parece una ciudad sumergida en un balde de bótox, pero los turistas todavía le gustan menos porque son hordas que, como hidras maléficas, se multiplican, comen y chillan. Allá Leila con su visión de Florencia, pero acá nos quedamos con su desprecio por los turistas. Los viajeros tienden a mirar por encima del hombro a los turistas sin comprender que, en el fondo y quizás también en la forma, los viajeros también son turistas. Un viajero al que le molestan las hordas de turistas en Florencia o en la Acrópolis de Atenas comete el mismo error que un futbolista en el banquillo que protesta porque cree que merece ser titular. ¿A qué compañero debería enviar el entrenador a la grada para dar entrada al futbolista ofendido? ¿A qué turistas el gobierno griego debería prohibir la entrada en la Acrópolis para que los exquisitos viajeros puedan disfrutar de las columnas del Partenón sin gentuza alrededor estropeando la vista? Mientras los futbolistas en el banquillo y los viajeros rodeados por hordas maléficas no contesten a estas preguntas, deberían guardar silencio y tragarse su mala baba. Por otra parte, ¿a los viajeros tampoco les gusta que hordas de espectadores disfruten con los documentales de Canal Viajar? ¿Se sentiría Leila molesta viendo un documental sobre Florencia sabiendo que miles de espectadores comen y chillan delante del televisor mientras la cámara pasea por la Galería Uffizi? ¿Hace falta un Canal Turismo para que los verdaderos viajeros puedan ver sin agobios de audiencia el Canal Viajar? Uf.