17 agosto 2016

PLAN DE VIDA: RASCARSE


Una cosa es rascarse un brazo cuando pica, y otra cambiar de canal cuando Natalia dice en “Cámbiame” (Telecinco): “Azahara, yo te libero de tu pasado choni”. Si me pica un brazo, me rasco; pero si Azahara, que es la misma Azahara anterior a su “cambio radical” pero con un nuevo corte de pelo, aparece en el plató y dice que quiere dejar atrás su pasado y que a partir de ahora quiere seguir un camino “bueno”, cambio de canal. Ahora bien, ¿rascarse un brazo cuando pica y cambiar de canal cuando sale una Azahara que reniega de su pasado choni son actividades satisfactorias? Desde luego, sí. ¿Eso quiere decir que todos deseamos que nos pique un brazo para poder rascarnos o que existan programas como “Cámbiame” para poder cambiar de canal? No y sí.

Sócrates dice en uno de los diálogos platónicos que rascarse tiene un valor de satisfacción relativo a una necesidad, pero no tiene valor intrínseco alguno porque rascarse no es un elemento que un ser racional incorporaría a su plan de vida. Rascarse es una actividad valiosa en la medida que calma una sensación desagradable, pero nadie en su sano juicio desea que le pique un brazo para poder rascarse ni pediría a los dioses que le enviaran picores, sino que deseamos no experimentar la necesidad de rascarnos. De acuerdo. Pero es que rascarnos con el mando a distancia cuando nos pica “Cámbiame” no es como rascarnos un brazo cuando nos pica. Nadie defendería que rascarse es una buena cosa ni andaría por la calle rascándose un brazo tanto si le pica como si no, pero es bueno que los dioses de la televisión nos envíen picores en forma de programas que creen que un “cambio radical” consiste en cambiar de peinado porque el placer que nos produce cambiar de canal no sólo no es una acción embarazosa y algo humillante, como el rascarse, sino que tiene un valor intrínseco y es racional no desear la desaparición de esos programas para así poder disfrutar del placer de huir de ellos. Si los japoneses inventaran un televisor que sólo ofreciera programas que nos gustan, se perdería la dulce sensación de escapar del horror de “Cámbiame”; pero si los alemanes inventaran un brazo que nunca pica, nadie lamentaría perder la satisfactoria actividad de rascarse. Si nos pica “Cámbiame”, nos rascamos y la vida tiene otro color. Plan de vida para una tarde de agosto: rascarse.