24/6/17

LA CARA DE GILIPOLLAS DE CÁRDENAS


Se puede tener cara de gilipollas o no tenerla. También se puede ser gilipollas o no serlo. Pero, aunque la relación entre ambos elementos está por demostrar, la tentación de conectarlos es enorme.

Ahí está el caso Javier Cárdenas en “Hora punta” (noches de La 1). Habrá quien le encuentre cara de gilipollas al verle maravillado ante un embaucador presentado como “morfopsicólogo” y “périto en Grafopsicología” (con perdón al corrector de Word, que no da abasto a subrayar). También habrá quien considere que Cárdenas es gilipollas por asegurar que ese tipo “demuestra si una persona, a través de la morfología de la cara, puede ser o no un asesino”, cuando lo único que hace es usar los viejos trucos de los videntes y astrólogos: hace la pelota a quien tiene delante con generalidades positivas (dice de Cárdenas que es “de acción, de emoción, de conquista y de cambio”) y confirma la información previa y los prejuicios con peligrosa palabrería cuando habla de otras personas (Bill Cosby es presa de muchos apetitos instintivos porque la distancia de la nariz al mentón es grande y posee nariz carnosa, los pómulos y la nariz corta de Ronaldo nos hablan de orgullo, y la nariz más profunda de Messi nos remite a sentimientos más humanos).

Pero la relación entre la gilipollez facial y la gilipollez conductual no está demostrada. Por ejemplo, el poli que dijo en “Hora punta” que la “Psicología facial” va genial a la policía dijo una peligrosísima gilipollez, pero no tiene por qué tener cara de gilipollas. ¿Y qué pasa con el público que aplaudió al oír: “Si conseguimos que a los niños que ya los vemos de muy niños que van a ser unos psicópatas codiciosos, los trabajamos, serán menos psicópatas codiciosos; con lo cual cambiaremos el mundo”? Tal vez no haya aplaudido gilipollezmente por tener cara gilipollas, sino porque mandó aplaudir el gilipollas del regidor.

Solo algo está claro en este oscuro asunto. No habiendo relación demostrada entre lo que se es y la cara que se tiene, menuda cara de gilipollas se nos queda a los espectadores al ver cómo está la tele pública y lo gilipollas que somos al consentirlo.

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