22/11/17

ESCLAVOS EN BÉLGICA


Hegel sostiene en sus “Lecciones sobre la filosofía de la historia” que lo que distingue el mundo antiguo del mundo moderno es el hecho de que antiguamente sólo uno era libre; después, algunos; mientras que ahora todo individuo es libre. Así pues, es la idea de libertad lo que fundamenta la igualdad de los hombres. Sin embargo, después de disfrutar estas últimas semanas con los casos de Hércules Poirot en la serie “Agatha Christie: Poirot” (Paramount Channel), he llegado a la conclusión de que el detective belga es un esclavo de sus pequeñas células grises y de su condición de famoso detective. ¿Es libre Poirot de acudir a una fiesta, alojarse en un hotel, viajar a Egipto, comer en un restaurante, visitar a un viejo amigo, viajar en tren, jugar a las cartas o pasar unos días de descanso sin que le caiga encima un asesinato más barroco que una escultura de Bernini? Y aún diría más. ¿Era libre la gran Agatha Christie de deshacerse de ese detective al que en una ocasión describió como detestable, rimbombante y fatigoso? ¿No fue Arthur Conan Doyle un esclavo de su personaje más famoso, el inigualable Sherlock Holmes? Parece que, en al caso de los grandes clásicos de las novelas de detectives, es la esclavitud lo que fundamente la igualdad de personajes y autores. Todos los que amamos a Poirot queremos verle siempre tan atildado, meticuloso,  perfeccionista y teatral como cuando lo interpreta David Suchet en “Agatha Christie: Poirot”. Holmes siempre es Holmes, aunque en “Sherlock” utilice un teléfono móvil. Agatha Christie fue una esclava del bigote y de las células grises de su detective belga. Conan Doyle nunca pudo escapar del 221 B de Baker Street.

Puede que todos seamos libres, como quería Hegel, pero unos somos más libres que otros. Poirot, que atrae el crimen vaya donde vaya, es menos libre que Agatha Christie, que tampoco fue libre de convertir a su personaje en un anarquista o de afeitarle el bigote. No seamos tan duros con los personajes de esa serie de detectives en la que se ha convertido el desafío independentista catalán: sus creadores les han hecho como son, y esos creadores no pueden hacer que sus criaturas  hagan o digan cosas que decepcionen a sus lectores y, dentro de muy pocos días, también votantes. ¿De verdad creen que es casualidad que Puigdemont se haya ido a vivir a Bélgica, la patria de Poirot? ¿Y alguien se imagina a Puigdemont con otro peinado o a Poirot sin bigote? Pobres esclavos.

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