23 agosto 2008

TÍO BENIGNO

De acuerdo, soy un criticón y ni siquiera de Gracián; soy un criticón de televisión y gracias. Pero no soy de esos que critican a los demás cuando ellos mismos no sabrían hacer lo que critican. De eso nada. Para demostrarlo ahora mismo voy a inventar unos cuantos programas de televisión como los de verdad.

En primer lugar haría un concurso en plan trepidante, con presentadores dinámicos, premios millonarios y concursantes cogidos con arneses y cuerdas que tuvieran que ir todo el rato de aquí para allá intentando averiguar cómo se tramita una solicitud de cobertura médica para un familiar jubilado herido de guerra que reside en el extranjero. Irían de ventanilla en ventanilla mientras un montón de funcionarios amables y pacientes analizan tan extraño caso y aportan un montón de datos que demuestra que la gestión debe realizarse en el organismo de al lado, donde los remitirán a otro que los llevará a otro y otro que los hará volver a empezar. También podría hacerse un concurso cultural con premios ridículos en el que un sabio presentador haría complejas preguntas sobre el procedimiento administrativo que debe seguirse para tramitar, en un bucle infinito de organismos oficiales en organismos oficiales repletos de funcionarios amables y pacientes, una solicitud de cobertura médica para un familiar jubilado herido de guerra que reside en el extranjero. O un programa de cotilleos en el que varios funcionarios amables y pacientes entrevistan a un famoso con un familiar jubilado herido de guerra que reside en el extranjero para ver si sabe tramitar una solicitud de cobertura médica. O un documental, o una competición lúdico deportiva, o una serie de conexiones en plan “Asturias directo”, o “Conexión España”, o un espacio de investigación con cámara oculta en el que un ciudadano intenta averiguar cómo se tramita bla, bla, bla. Y que todos terminaran mostrando la cara que se le queda a mi tío Benigno viendo las vueltas que uno tiene que dar cuando… cuando eso.