21 julio 2009

DESMONTANDO "DESMONTANDO A PAQUIRRÍN"


Hala, a desmontar se ha dicho

Antes de nada, voy a desmontarme a mí para que todos juguemos con las cartas boca arriba: no me interesa nada Paquirrín, ni lo que es, ni lo que representa; no me gusta el mundo del que procede, ni en el que vive; nunca seguí ningún programa en el que se tratara de él o sus circunstancias. Y si después de renegar de todas las tómbolas, tomates, salsas rosas y norias que en el mundo y la tele asquerrosa han sido, vi “Desmontando a Paquirrín” (noche del domingo en laSexta) es porque consideré que era (y de hecho fue) un programa que no era de Paquirrín, sino de Dani Mateo y Ángel Martín, dos tíos con talento suficiente como para darles un voto de confianza.

“Desmontando a Paquirrín” tuvo el mérito que tiene “Sé lo que hicisteis”, que es mucho (ahí estuvieron los monólogos de Martín y Mateo, que no defraudaron). Pero adoleció de una limitación que también tiene “SLQH”: gira alrededor de ese mundo rosa que a unos cuantos ya nos tiene hartos, y para reírte con sus bromas debes pagar antes el duro peaje de tener que conocerlo hasta en sus mínimos detalles. Este problema tuvo cada paso del monólogo de Paquirrín: no sólo que a mí no me parece que sea un buen chiste decir que vas de putas muerto de risa (no es siquiera gracioso), es que cada frase del ‘artista’ exigía ser un paquirrinólogo para saber de qué demonios estaba hablando.

Por lo demás, me alegro por él y que por ser quien es haya conseguido que una cadena de televisión le haya ofrecido un trabajo tan chulo (hay cuatro millones de parados que no tienen esa suerte). Demostró algo que no sabíamos y tiene su mérito: sabe reírse de sí mismo tanto como deberíamos saber todos. Y confirmó algo que sospechábamos y no tiene mérito: es un vividor tanto como no debería ser nadie. Ánimo, chaval, que Pocholo ya va estando mayor y la fiesta nacional (la de verdad, no esa que escriben con mayúscula) necesita carne fresca.