29 julio 2009

LOS LUNES, ASESINATO

El principal misterio de “Los misterios de Laura” (la nueva apuesta de La 1 para la noche de los lunes) era averiguar qué haríamos con los próximos capítulos de la serie: ¿los dejaríamos sueltos tras esta primera rueda de reconocimiento fallida o los retendríamos con nosotros durante unas cuantas semanas hasta que todo se resolviera y volviera a la normalidad?

Mientras los polis encargados de resolver “El misterio de la habitación sellada” hacían sus pesquisas en el primer caso de la serie, los espectadores hacíamos las nuestras. Teníamos, como ellos, que evitar falsas pistas que podían confundirnos (esos encantadores niños terribles colocados estratégicamente para conquistar la cuota infantil que debe pagar cualquier serie que quiera triunfar en horario de máxima audiencia) y desenmascarar qué personajes secundarios podían estropearnos la serie por estar mal dibujados o mal interpretados (la inspectora Martínez, más plana que el electroencefalograma de Belén Esteban). Pero, sobre todo, los espectadores teníamos que mirar a los ojos y estudiar cada movimiento de la principal sospechosa y protagonista: la inspectora Laura Lebrel, eficazmente interpretada por María Pujalte. ¿Sería una matemática genial, médium autista tuerta, adorable ancianita paracaidista, superdotada introvertida coleccionista de yo-yós, esquizofrénica multiorgásmica de memoria prodigiosa, cantante calva con cara de rinoceronte? No, qué alivio, no se trata de uno de esos personajes retorcidos más raro que el currículum de Belén Esteban, es sólo una poli que tiene la suerte de estar ante un guión que permite resolver de forma ingeniosa enigmas planteados a la vieja usanza. Caso resuelto.

Vendrán más capítulos de “Los misterios de Laura” y los seguiremos viendo porque el misterio que uno debe aclarar como telespectador ha sido felizmente desentrañado. Así que en adelante, los lunes, asesinato.