24 julio 2009

20 METROS MINADOS

Inicio suicida: hay quienes aseguran que las guerras en defensa de la democracia que los norteamericanos impulsaron por todo el mundo al menos consiguieron acabar con la costumbre machista de que la mujer caminara unos pasos detrás del hombre: ahora camina unos pasos por delante debido a los campos sembrados de minas antipersona. Sí, es una barbaridad, pero al menos debería servirnos para no alegrarnos de que Antena 3 estrenara la noche del miércoles un concurso que aún no se estrenó en ningún país del mundo.

Dicen que, además, se trata de un formato nuevo. Esto quiere decir, en la terminología televisiva actual, que no es la copia directa de un concurso que ya existía, sino la mezcla de la copia de varios concursos anteriores. Así que quienes vimos “Los últimos 20 metros” pudimos comprobar que es un batiburrillo de pruebas físicas con preguntas como si juntara las preguntas del “Un, dos, tres” con la posterior fase clasificatoria que venía antes de pasar a la subasta, pero buscando un agobio parecido al que pretendía “Si lo sé no vengo”, si bien es cierto que el tono general de gilichorrada grandilocuente y desproporcionada hacía que recordara más al “Grand Prix”, todo el rato con carreras y trompazos, y con el presentador largando sin parar por aquella boca, con la novedad de que antes Ramontxu era un varas con ínfulas de poeta (“La vaquilla rapidilla, qué porrazo si te pilla”) y ahora Óscar Martínez se conforma con ser un varas sin más, algo es algo. Así que es cierto: estamos ante un formato nuevo.


Somos los primeros afortunados en el mundo que vemos “Los últimos 20 metros”. Dicen que, en unos meses, detrás de nosotros caminarán miles de telespectadores de otros países. Nos lo cuentan como si eso fuera algo bueno, pero caminar delante de los demás no tiene por qué serlo. Eso es algo que tenemos claro quienes anteayer atravesamos el campo minado de Antena 3 en horario de máxima audiencia.