22 octubre 2009

DEL COLLAR DEL NEANDERTAL A LA SUDADERA DEL NEONAZI

Hoy vamos a buscarnos problemas metiéndonos con la peña. Ahí va: quienes más atención prestan a la ropa que se ponen, al peinado que llevan, en fin, a las pintas con las que salen a la calle, pero después se quejan de que los demás los juzgan por su aspecto, son los primeros que juzgan a los demás por su aspecto. De hecho, ése es el motivo por el que prestan tanta atención a su propia envoltura, porque saben la importancia que tiene. Es, con perdón, parecido al cotilleo: quienes más pendientes están del qué dirán son los más cotillas, por eso saben lo que dicen cuando hablan de lo peligroso que es el qué dirán.

El domingo por la noche laSexta estrenó “Denominación de origen”, un programa de reportajes que se estrenó mostrando cómo visten y viven las nuevas tribus urbanas. Quienes nos quedamos en “El ritmo de las tribus” del gran Pepe Colubi (maestro, tienes que hacer una reedición actualizada y aumentada) miramos con aire escéptico a los emo, las lolitas góticas y los visual key, pero nos da la risa cuando se quejan de que son juzgados por su aspecto. Se creen que la ropa es sólo un adorno cuando es un símbolo de identidad grupal desde el inicio de los tiempos. Precisamente por eso ellos visten así: para formar un grupo separado de los demás.

El lunes los jueces dictaminaron que un ex soldado actuó por “discriminación ideológica” al asesinar a un pasajero en el metro. Entre otras pruebas, tuvieron en cuenta que vestía una sudadera de una marca usual entre neonazis.

El martes por la noche, “Sacalalengua” en La 1 dio la palabra al paleontólogo Juan Luis Arsuaga. El aspecto, los adornos, los abalorios no son ninguna tontería desde que existen hace al menos 80.000 años. Nos identifican dentro del grupo y nos separan del resto. Nadie, y menos los neonazis con sus babas o las lolitas góticas con sus cofias, deberían sorprenderse por ello.