17 octubre 2009

EL RELOJ DE KANT

El filósofo alemán Lolo Kant nunca veía la tele, lo que sin duda condicionó su obra. Es lo que tiene vivir en el siglo XVIII, que te libras de muchas cosas, pero pierdes otras. Por eso él pensaba que la razón humana da lugar a cuatro antinomias, o sea, cuatro situaciones en las que puede demostrarse racionalmente tanto la verdad de una tesis como la verdad de la tesis contraria. Por ejemplo, según la primera antinomia, puede demostrarse que el mundo es limitado en el espacio y en el tiempo, y puede demostrarse que el mundo no es limitado en el espacio y en el tiempo. Y no se extrañen de que Kant se ocupara de estas cuestiones. Ya les dije antes que nunca veía la tele.

Tan desconcertante como una antinomia es la vuelta de “Supernanny” (noche de los viernes, en Cuatro). Estoy convencido de que si Kant hubiera tenido tele y viera que la superniñera vuelve con otro puñado de casos que son clavaditos a todos los anteriores, habría enunciado su quinta antinomia: puede demostrarse que “Supernanny” es un programa condenado al fracaso que no ve nadie porque siempre aparecen los mismos casos de niños malcriados que se deberían educar siguiendo siempre las mismas cuatro reglas sencillas, y puede demostrarse que “Supernanny” es un programa que siempre triunfará y tendrá audiencia porque siempre aparecen los mismos casos de niños malcriados que se deberían educar siguiendo siempre las mismas cuatro reglas sencillas.

Esta quinta antinomia, como las otras cuatro, se las trae, pero se entiende mejor si tenemos en cuenta que los seres humanos preferimos lamentarnos diciendo que los niños deberían venir con manual de instrucciones en vez de informarnos de que el manual con las instrucciones más elementales ya existe. Así que primero no vemos el programa que luego querremos ver para arreglar el desaguisado. Lo que, de rebote, garantiza el éxito sin paliativos de “DEC” y “Sálvame Deluxe”, dos programas que Kant nunca vería porque se iba a la cama a las diez. Como un reloj.