09 febrero 2010

DESAYUNO DE SUPERBOWL

Durante mucho tiempo creí que el fútbol americano (y cuando digo fútbol americano quiero decir Superbowl) era un espectáculo profundo porque no lo entendía. Este año, después de ver la final de la Superbowl entre los Colts de Indianápolis y los Saints de Nueva Orleáns (Canal +), sigo sin entender casi nada de lo que pasa en un partido de fútbol americano, pero ya no creo que sea un espectáculo profundo. Algo es algo.

No entiendo cómo es posible que un tiburón metido en formol se venda como si fuera una obra de arte y, encima, a un precio tan extravagante como las propuestas económicas neomemas de Adolfo Domínguez, pero eso no significa que crea que el dichoso tiburón metido en formol es profundo. Tampoco entiendo muy bien el entusiasmo de los yanquis por un deporte con más interrupciones que un discurso de Emilio Botín en un mitin de la CNT, pero eso ya no significa que crea que los movimientos de los jugadores de los Colts y de los Saints son profundos. El arte moderno con tiburones en formol, las propuestas económicas neomemas, los discursos de Botín y la Superbowl son incomprensibles, pero no tienen por qué ser profundos. Es más, veo más profundidad en el tiburón de Damien Hirst que en las neomemeces de Adolfo Domínguez, y muchíiiiiiiiiiisima más profundidad en un buen pase de un quarterback como Manning que en los indecentes beneficios del banco que preside el tal Botín.


El discurso de Zapatero en una cosa llamada “Desayuno Nacional de Oración”, citando un pasaje del Deuteronomio ante un montón de gente que cuando escucha la palabra “socialismo” cree que alguien les quiere robar sus barbacoas, no hay quien lo entienda. Y, comparada con esa visión tan poco profunda de Zapatero citando el Deuteronomio y orando pero haciendo ver que no está orando (o viceversa, no sé), cualquier cosa es más comprensible. Hasta un partido de fútbol americano entre los Colts y los Saints. A partir de ahora, y por estas fechas, el espectáculo más incomprensible que nos llegará del país de Obama no será la Superbowl, sino ese desayuno con croissant de oración y pastitas de Biblia. Que el año que vienen inviten a Adolfo Domínguez, por favor. Seguro que comenta un versículo del Apocalipsis.

1 comentario:

Anónimo dijo...

LO de "neomemo" es todo un hallazgo. Que tenga fortuna.