20 febrero 2010

SERMONES, RELATOS Y MILAGROS

En la Edad Media, la cultura popular se nutría de sermones, relatos y milagros. El gran ritual colectivo era acudir a la predicación en misa o en la plaza, donde con frecuencia se instalaban los púlpitos. Los predicadores se valían de los frescos y las esculturas de las entradas de las iglesias señalando mientras hablaban. En España hace más de medio siglo que la cultura popular es alimentada por la televisión. Esta función de la tele nunca fue ajena ni a su nacimiento ni a su posterior desarrollo.

El pueblo era analfabeto pero las palabras de los predicadores, las imágenes que señalaban y los textos que podían acompañarlas, adquirían juntos un profundo significado capaz de provocar un fenómeno que podría definirse como “falsa memoria”. Los peregrinos regresaban de Tierra Santa convencidos de haber visto lugares santos que en realidad no habían visitado, pero que recordaban porque correspondían a las imágenes que habían visto en alguna iglesia o catedral. Si la tele nos dijo primero cómo era la realidad, ahora nos dice también cómo debemos recordarla y nos prepara para lo que nos viene encima reemitiendo, como hizo anteayer La 1, “50 años de… Eurovisión”.

Lo explicó estupendamente el profesor Giuseppe Sergi, de la Universidad de Turín, en el último capítulo de “La Edad Media” en Canal Historia: “La imagen bien explicada es más convincente que el control personal de los lugares visitados. Esto introduce una reflexión sobre el presente: una imagen bien explicada es más eficaz, si cabe, que tocar una prueba con la mano”. Pues eso, sigamos viendo tranquilamente la tele. Hace 40 años había televisores en las calles, pronto cada uno llevará encima el suyo con un predicador hablando al oído. La luz del Sol es sólo una molestia ocasional que nos deslumbra e impide ver con nitidez los sermones, relatos y milagros de la pantalla. Los informativos nos dicen que las cosas fueron tal y como las recordamos porque nosotros estábamos allí.