26 febrero 2010

ESCORIAS

No es fácil conseguir una telebasura sostenible. Aplicar la regla de las tres erres (reducir, reutilizar, reciclar) es imposible porque el sector está en crecimiento y no puede reducirse su producción sin que se produzca un colapso económico inasumible. Pero habrán notado que sí cabe reutilizar recursos que ya se habían desechado, como se está haciendo en la última edición de “Gran Hermano”. La actual reutilización de concursantes en este surreality show es tan eficaz que supone un modelo de rentabilidad para el resto del sector puesto que evita tener que extraer y refinar nueva materia prima de las peligrosas canteras que escarban en el lado sórdido del ser humano. El ahorro económico en los costes de producción es tal que hace rentables porquerías que de otra manera resultarían ruinosas.

Pero lo que más tradición tiene en la telebasura es sin duda el reciclaje de escorias. Coger un viejo programa ya amortizado, fundirlo y volver a darle forma de nuevo de manera que no haya que pagar derechos a su inventor es una vieja estrategia que sigue funcionando hoy tan bien como ayer. Por ejemplo, Telecinco emite la noche de domingos “Me cambio de familia” y el mercado absorbe toda la producción sin hacerle ascos pese a estar elaborado con los desechos de “Préstame tu vida”. Tan audaz iniciativa, consiguió liberar el valioso espacio que este programa (otrora presentado por Ana García Lozano en La 1) ocupaba en las escombreras desde hace cinco años. Además, la valorización de escorias se diseñó de tal modo que el nuevo producto ya no necesita presentador, lo que reduce aún más los costes. En fin, “Me cambio de familia” sigue siendo la misma porquería que “Préstame tu vida”, con personas intercambiando su vida para que los espectadores nos entretengamos con sus miserias, pero permite que, con una mínima inversión, Paolo Vasile no tenga que cambiar de vida ni de familia.