12 febrero 2010

EL BAILE DEL SOL Y EL CINTURÓN DE ASTEROIDES

“¡Mira quién baila!”, dice ahora Pilar Rubio en Telecinco. ¿Cómo que mire quién baila? Cualquier televidente sabe que normalmente exponemos la retina a radiaciones inferiores a 10w por centímetro cuadrado, y que por encima de este nivel la duración de la exposición está limitada por el parpadeo, ese momento fugaz en el que hacemos zapping sin cambiar de canal. Por eso no debemos ser necios mirando directamente al Sol. O sea: Sol, pupa.

Pero es que, en efecto, hay quien hizo caso a Telecinco y miró quién bailaba anteayer por la noche. Ya. Siempre hay listos que no quieren navegar por las aguas de la sensatez y consideran palabrería eso de que la luz solar desencadena un mecanismo fotoquímico dañino causante de retinitis solar, fotorretinitis o maculopatía solar. Por ejemplo, los hay que practican el Sungazing, o sea, miran y miran el Sol para que todo les vaya tan bien que terminan por no necesitar ni comer para vivir porque con mirar al Sol tienen bastante. Los que miran quién baila no dicen tantas tonterías, pero también juegan con fuego: mirar fijamente el Sol causa quemaduras en la retina y luego puede uno acabar convencido de ver lo que no es. Hay personas, por ejemplo, que aseguran haber visto cómo el Sol baila después de estar mirándolo un buen rato. No dicen si baila pasodoble o chachachá, pero juran que baila.

¿Podemos fiarnos de los que dicen haber visto bailar a los participantes de ¡MQB!? ¿No estarán deslumbrados por un montón de anodinos asteroides interestelares vestidos con lentejuelas y sobreiluminados por los focos? Tal vez Carmen Lomana pudiera moverse a los 15 años cuando ganó un concurso de baile en Celorio (Llanes), pero ahora es incapaz siquiera de mover los labios para vocalizar. ¿Tenían sus ojos debidamente protegidos quienes dicen haber visto bailar rumba y tango anteayer a semejante pedrusco?