17 noviembre 2010

PANES, PECES Y SEXTAS

La televisión, como el cine, sólo puede mostrar milagros que Gustavo Bueno llama “cinematográficos”. Por ejemplo, una serie de televisión o una película pueden representar el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, pero no el milagro de la transustanciación, que es un milagro “no cinematográfico”. Así, la milagrosa transustanciación entre Telecinco y Cuatro, básica en la nueva teología audiovisual, no es “cinematográfica”, de modo que mucho me temo que los espectadores tendremos que conformarnos con creer sin ver y, sobre todo, sin entender. Sin embargo, el milagro de la multiplicación de los canales de La Sexta en TDT (La Sexta 2, La Sexta 3 y La Sexta HD) sí es “cinematográfico”, puesto que está al alcance de cualquier televisor correctamente sintonizado.


De los cinco panes y dos peces que Jesús multiplicó para dar de comer a cinco mil personas, a la cadena televisiva que se multiplica para saciar el voraz apetito de una audiencia con millones de ojos. Es el signo de los tiempos. Es fácil entender el milagro de la multiplicación de La Sexta porque se puede ver. Otra cosa es el milagro de la fusión entre Telecinco y Cuatro, que no hay quien la entienda porque será imposible de ver. Creeremos, qué remedio, en la transustanciación de esas dos cadenas, pero no entenderemos nada. Lo que sí entendemos es que en La Sexta 3, y en horario proletario (es decir, decente y apto para los que tenemos que madrugar), se puede disfrutar de cine con mayúsculas que es casi imposible (o milagroso) encontrar en otras cadenas: desde “Broadway Danny Rose”, la excepcional película del mejor Woody Allen, a “Barry Lyndon” pasando por “Casino Royale”, “Queimada” o “Dinero caído del cielo”. Y también “Todos los hombres del presidente”, “Al este del Edén” y “Con las muerte en los talones”, entre otros, nunca mejor dicho, milagros cinematográficos.

Los milagros televisivos “no cinematográficos” existen, pero los espectadores no podemos verlos ni afectan directamente a nuestro rancho audiovisual. Los milagros televisivos “cinematográficos” son otra cosa: existen, se ven, se entienden y sacian el apetito de ver después de cenar una buena película descatalogada por el dios del mercado.