27 noviembre 2010

TELEVISIÓN SIN VACUNAR

Si es que se trata de eso: de pensar un poco en los demás. Es únicamente darse cuenta de que cuando vemos la tele en casa, y estamos solos a nuestra bola, ahí tirados haciendo lo que nos da la gana tan ricamente, pues resulta que no estamos tan solos como podía parecer sólo por el hecho de que en la sala no hay nadie más a nuestro lado. Ver la tele es un acto privado, todo lo privado que quiera cada uno, pero es a la vez un acto social. Y da igual que se ponga uno patas arriba o patas abajo, cierre las puertas, baje las persianas y eche las cortinas: los demás siguen ahí, como el dinosaurio del sueño ontológico de Monterroso con el final más abierto de la historia de la literatura.

Lo dejó claro el juez de Granada que acaba de ordenar la vacunación forzosa contra el sarampión de 35 niños. Vacunarse es, como ver la tele, un acto todo lo individual y todo lo voluntario que queramos, pero es también un acto social en el que estamos involucrados los demás. O sea, que sí, que somos animales sociales, y que por mucho que haya quien se quiera refugiar en la primera parte de la definición para hacer el animal a gusto, la parte social siempre está ahí, escondida y en silencio, pero presente.

Así que, a ver si vamos siendo menos individualistas y empezamos a pensar en los demás cuando vemos la tele. Las cadenas de televisión ensayan a producir y emitir, uno detrás de otro, programas basura hechos con cuatro duros; pero es que, de vez en cuando, se encuentran con el número suficiente de ciudadanos que miran para ellos. Así, la parrilla se llena de porquerías con las que tenemos que convivir los demás sin comerlo ni beberlo: “El diario”, “La noria”, “Fama Revolution”, “Física o química”, “Sálvame”, “DEC”. Así que en lo sucesivo, por favor, cuando estemos solos viendo la tele pensemos que a nuestro lado hay millones de inocentes que no tienen la culpa de que seamos unos irresponsables sin vacunar.