24 diciembre 2011

CÓMICOS



Son gente rara. Tienen que serlo porque trabajan intentando manejar uno de los fenómenos más intrigantes de la condición humana. Nadie entiende qué es el humor, qué sentido tiene su existencia, cuáles son las variables a las que responde. Pero ellos tienen como tarea intentar atrapar el humo y tener éxito en la labor de hacer que funcione un mecanismo incomprensible. Son miserables, competitivos, envidiosos. En eso no se diferencian de cualquiera de nosotros. Pero también son extraordinariamente creativos, y la impredecibilidad del arte desde el que crean les provoca necesariamente niveles de neurosis y de inseguridad tan altos como solamente pueden sentir los que trabajan permanentemente al borde del fracaso. Viven obsesionados por gustar, que es una de las formas más infernales que existen de vivir. Algunos se creen intelectuales. Otros no. Algunos usarán el humor como trampolín para otras actividades creativas. Otros no. Algunos pasarán a la historia. La inmensa mayoría, no. Si tienen suerte conseguirán éxitos moderados, por lo que sus inevitables fallos no les provocarán caídas desde mucha altura. Si no tienen suerte conseguirán llegar a ser auténticos fenómenos sociales gracias a un éxito arrollador desde el que despeñarse tarde o temprano con gravísimos daños personales. Su decadencia, habitualmente, es entrañable y patética. Y, por algún extraño motivo tan inexplicable como la propia naturaleza del humor, una vez que su vida pública ha terminado, los espectadores les recordamos siempre como gente muy cercana a nosotros, muy querida, muy conocida.

(Campofrío estrena hoy “Cómicos”, uno de los mejores anuncios de la historia de la publicidad nacional. Decir “estrena” es una ingenuidad, porque absolutamente todo el país lo ha visto en internet, -y algunos lo llevamos viendo una y otra vez durante la última semana-. Trata sobre cómicos, sobre la tristeza, la muerte y Miguel Gila. Pero, de nuevo de forma incomprensible, sentimos que trata sobre nosotros. Un abrazo a todos.)