23 septiembre 2013

TELEVISIÓN, DAME UN EURO


Tenemos que andar con cuidado a ver cómo salimos de la crisis, porque no vale de cualquier manera. Tenemos que salir de forma que la tele pueda volver a ser la culpable de todo, como en los buenos tiempos. Como mucho podemos dejar que Internet también tenga culpa de alguna cosa, pero nada más.

Hace cinco años, cuando un profe veía que algún alumno estaba en clase adormilado y sin energía, tenía que llamar a sus padres para que vigilaran que el chaval no quedaba viendo la tele hasta las tantas, y, si eso, que le quitaran el televisor de su habitación. Hoy tiene que llamar a Servicios Sociales para que comprueben si su familia le procura tres comidas diarias con una alimentación adecuada y, si eso, ampliar el servicio del comedor escolar o el acceso a vales de comida de alguna ONG.

Hace cinco años, si alguien se apuntaba a participar en un concurso televisivo era porque quería hacer un viaje, cambiar de coche o darse algún capricho. Y si iba a que le entrevistaran en un magacín era porque, una de dos, o estaba implicado siquiera lejanamente en algún suceso, o era alguien próximo siquiera remotamente a algún famoso (según si el magacín estaba atravesando su etapa negra o su etapa rosa). Hoy empezamos a ver personas que buscan financiación para alguna actividad que ha quedado dejada de la mano de un Estado que no tiene por qué ocuparse de tonterías.

Hace unos meses, la investigadora del CSIC Luisa Botella participó en “Atrapa un millón” para intentar mantener abierta su investigación sobre una rara enfermedad hereditaria. Estos días, fue un cura, José García, quien visitó a Sobera para abrir un comedor para los niños necesitados de su localidad. Luego completó el recorrido concediendo una entrevista en “Espejo público” para buscar más apoyos a su loco proyecto.

Esto mete miedo, a ver si logramos que la tele vuelva a ser la culpable de todo y no una víctima más.