11 septiembre 2013

EL ABISMO Y YO

En la antigua Atenas, el teatro no era algo cotidiano, sino que se trataba de un espectáculo que se representaba sólo dos veces al año, con motivo de las dos grandes fiestas dionisiacas. Las series de televisión, en cambio, son un espectáculo cotidiano que puede extenderse durante muchas temporadas (las que dure el psicoanálisis de sus protagonistas, apunta Jorge Carrión en su ensayo  “Teleshakespeare”). Pero tragedias como “Edipo rey” y series televisivas como “La cúpula” (Antena 3) comportan un gran poder para poetas como Sófocles o escritores como Stephen King y también, como diría el tío de Spiderman, una gran responsabilidad. Decía Esquilo que un maestro explica cosas a los escolares, y los poetas explican cosas a los adultos. Nadie duda de que “Edipo rey” encierra enseñanzas importantes, y nadie debería dudar de que “La cúpula” explica cosas a los escolares y a los adultos porque lo que pasa en Chesters´s Mill, en Maine, nos importa a todos.

Que una cúpula invisible e impenetrable deje aislados de repente, y sin saber por qué, a los ciudadanos de un pueblo llamado Chester´s Mill es tan raro como que un joven con los pies hinchados mate a Layo sin saber que es su padre y se case después con Yocasta sin saber que es su madre. No busquemos tres pies racionales al gato de la tragedia griega y la ciencia-ficción contemporánea. La cúpula y el asesinato del padre es aquí lo de menos. Lo que importa es lo que pasa en Chester´s Mill después de que la cúpula  les aísle del mundo y lo que pasa en Tebas después de que los actos de Edipo hayan contaminado la ciudad. Si miras al abismo (y el abismo está bien construido), el abismo te devuelve la mirada. Cuando miramos al abismo de Chester´s Mill aislado por la cúpula y al abismo de Tebas acosada por la peste, esos abismos nos devuelven la mirada. Así, es tan imposible ver un capítulo de “La cúpula” sin examinarse a uno mismo dentro de la cúpula que rodea Chester´s Mill como leer “Edipo rey” sin estudiarse a uno mismo dentro de la peste que rodea Tebas. Lo siento por los personajes de “La cúpula”, pero el abismo en el que viven hace que me interese más por mí que por ellos.

Y no sé si me gusta lo que veo de mí en ese abismo.