29 septiembre 2013

DESVENTURADO AVENTURERO CALLEJA


Algo une a quienes no disfrutamos con las retransmisiones de corridas de toros, las carreras de Fórmula 1 o esos programas en los que unos tíos se juegan la vida haciendo una pedazo de excursión a un sitio muy difícil y remoto donde no se les pierde nada pero están empeñados en contar al mundo lo difícil que es ir hasta allí y en mostrar cuánto les cuesta llevar tan lejos su puñetero culo. Eso que tenemos en común nos hace mirar la tele como pasmarotes cuando hay toros, Fórmula 1 o programas de aventura si se da la infeliz circunstancia de que un toro coge al torero, los bólidos chocan o la aventura se transforma en desventura. Es lo que los clásicos llaman “naturaleza humana”.

Fue la naturaleza humana la que me tuvo la noche del viernes pendiente de “Desafío extremo. Abjasia, atrapados en el abismo” de Jesús Calleja en Cuatro. La primera parte del espacio fue la habitual enumeración de las grandes dificultadas que había que superar en ese desafío extremo de la frontera límite al filo de lo imposible, hay que ver qué grandes los tienen y tal. Un horror hasta que empezó la desventura y la expedición quedó atrapada en la mayor sima del mundo. Es entonces cuando la mirada se clava en la pantalla y no se puede apartar hasta que todos salen a la superficie sanos y salvos.

Ya afuera, Calleja dijo que viendo tan cerca la muerte había decidido cambiar de vida y disfrutar más de las cosas pequeñas. A ver si es verdad y de paso ceja en su empeño en contarnos por la tele sus “grandes cosas”. Y a ver si los patrocinadores del programa mejoran sus campañas de publicidad encubierta: cuando al principio iba todo bien, Calleja hizo publicidad descarada de una crema solar (¡para bajar a una sima!) y de un seguro de vida con un león. Cuando todo se torció el león del seguro no apareció por ningún lado y lo único que Calleja decía temer del sol era no volver a verlo.