04 septiembre 2013

HAMBRE DE "EL INTERMEDIO"


Sereno, con la mirada resuelta y como un solo hombre, el lunes por la noche me senté frente a la tele, sintonicé laSexta para ver el regreso tras el verano de “El intermedio”, visité su página web para conocer los cambios de la nueva temporada, cogí una libretina y un boli para apuntar lo que el programa iba dando de sí, y esperé a que el “Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad” avisara de que el espacio había empezado.

Pues nada. Aquello no sirvió para nada porque en cuanto probé el primer bocado me puse a tragar como loco, a comer sin paladear, a engullir como un enfermo y no paré hasta que terminó el programa. No me fijé en si los guionistas venían un poco fríos y había que pasar los chistes un poco más por el microondas. No reparé en si el equipo había perdido compenetración tras tantas semanas de vacaciones y los ingredientes no habían ligado bien. No aprecié si el jefe del local, Wyoming, lo tenía todo bien controlado y servía los platos en su punto de sal y pimienta. Ni siquiera recorté los anuncios con el cuchillo y los aparté a una orilla para echárselos al perro. Lo devoré todo como quien lleva dos meses sin probar bocado y lo primero que se zampa es uno de sus platos favoritos. Todo ‘p’adentro’. Y allá que fue todo.

Sí que vi el guiño inicial a “Juego de tronos”, pero lo pasé sin masticar. Agradecí los grandes tropezones que traía el repaso a lo que dio de sí el caso Bárcenas en verano, pero los tragué enteros. Las referencias al reciente a los discos duros extrañamente dañados por los últimos coletazos del “Efecto 2000” o las transferencias del rey a su hija serían bocatto di cardinale, pero los tragué tan rápido que no aprecié nada. Ni paladeé los montajes ni degusté los juegos de palabras. Si en vez de hambre hubiera tenido solo apetito, habría podido poner mi paladar audiovisual a trabajar, pero así fue imposible. Así que esta birria es la crítica de hoy: del regreso de “El intermedio” no dejé ni las raspas.