25 septiembre 2013

HIJOS DE LA URSS

Wilhem, Greta, Friedhelm, Charlotte y Viktor son los cinco amigos alemanes que protagonizan la serie “Hijos del Tercer Reich” (Canal+) y que ya forman parte de nuestra educación. Las grandes series televisivas son así. ¿Qué hemos aprendido viendo “Hijos del Tercer Reich”? Hemos aprendido con Friedhelm que, a diferencia de lo que dicen los románticos de la sangre (casi siempre ajena), la guerra saca lo peor de los hombres, y que la guerra consiste en matar antes de que te maten. Eso es todo. Wilhem, el hermano de Friedhelm, un oficial alemán que aprenderá, y nosotros con él, que la guerra siempre es sucia y absurda, concluye que las auténticas ganadoras de una guerra son las moscas, porque las cebamos con la carne de los soldados. Greta, una cantante dispuesta a todo con tal alcanzar la fama, muere fusilada por atreverse a desafiar a la Gestapo y por no confiar ciegamente en la victoria final de las tropas de Hitler. Greta nos enseña que hay muchos tipos de sacrificio y muchísimas formas de redención. Con Viktor, el sastre judío enamorado de Greta, aprendimos a sobrevivir sin perder la dignidad y, gracias a él, supimos que los trenes con destino a Auschwitz iban llenos de judíos pero volvían vacíos. ¿Los alemanes no lo sabían? La enfermera Charlotte nos enseñó que el amor es más fuerte que el fanatismo, que la delicadeza es muchas veces el único remedio contra la brutalidad y que el corazón tiene razones que la razón puede conocer perfectamente. ¿Qué más nos enseñó “Hijos del Tercer Reich”? Que nos hace falta una serie titulada “Hijos de la Unión Soviética”.

Los espectadores ya teníamos en nuestro altar a las series “Hermanos de sangre” y “The Pacific”, y ahora hemos hecho un hueco a “Hijos del Tercer Reich”. Pero incluso series tan exactas en la construcción de personajes y hechos como la protagonizada por esos cinco amigos desmontados y vueltos a montar por la guerra, cometen el error de dar a los soldados del Ejército Rojo el papel de “¡vienen los rusos!”. Rusos terribles, violadores, sedientos de venganza. Rusos que vemos morir, pero a los que nunca vemos vivir. ¿No habría también entre los soldados soviéticos cinco amigos separados por la guerra? ¿Los fieros comunistas no tendrían también su corazoncito? Si había vida más allá de Hitler, ¿no la hubo más allá de Stalin?