29 julio 2016

FELICIDADES, CUATRO


Hay que felicitar a Cuatro por la no emisión de un programa que ha tenido el acierto de no emitir justo en el momento que más falta hacía: nunca. Queda raro decirlo, pero es así. Muchas veces criticamos lo que hay en la tele porque no vale todo. Otras criticamos lo que no hay porque la tele tiene una función social que cumplir dando cuenta de asuntos que se olvidan o esconden. Cuando hay suerte, toca alegrarse por las cosas bien hechas, a lo que se añade la gratificación de ayudar a su conocimiento y difusión. Pero nunca nos acordamos de felicitar a quien acierta no metiendo la pata, a quien triunfa quedándose quieto, a quien toca el cielo por omisión.

Pues bien, tras varios meses trabajando en “Proyecto Bullying”, un programa en el que en varias entregas se muestran diferentes casos reales de acoso escolar a menores de edad en centros educativos españoles, Cuatro optó por la prudencia en un asunto tan delicado y no lo estrenó sin más. Se tomó la precaución de remitir las imágenes a las Fiscalías de Menores de las provincias donde se grabó, que indicaron a la cadena que iba por mal camino. Aquello no gustó, pero aunque ya había desenfundado, Cuatro prefirió volver a enfundar sin disparar para no herir a nadie. Gracias a eso, felicitamos a la cadena en vez de saltarle al cuello.

José Javier Huete, fiscal encargado de coordinar las distintas fiscalías provinciales de menores, explicó estos días en un curso de verano lo peligroso de “Proyecto Bullying”: se podía identificar a los menores y los centros grabados, se utilizaban cámaras ocultas en mochilas dentro de los colegios de forma inadecuada, se recreaba en las conductas violentas repitiendo los insultos y las frases hirientes hasta el hastío, el afán por conseguir imágenes duras llegaba a bordear la inducción al delito, y cerraba presentando los casos como felizmente solucionados cuando no era así.

Perseguir el acoso merece una felicitación. No emitir un programa que disfraza como denuncia y servicio público una mierda pinchada en un palo que usa a los niños para sus propios intereses, también.