20 diciembre 2010

ENFERMEDAD DE CALLEJA-FRANK

Supongo que ni Jesús Calleja (“Desafío extremo”, Cuatro), ni Frank Cuesta (“Frank de la jungla”, Cuatro) y ni siquiera los concursantes del entrañable y espeluznante “Humor amarillo” tienen la enfermedad de Urbach-Wiethe, una rarísima patología que impide reconocer el peligro y sentir miedo. Es decir, la razón de que Calleja decida bucear en sitios rarísimos, de que Frank se meta en líos en selvas rarísimas y de que los concursantes japoneses se sometieran a pruebas rarísimas no es que tengan dañada la amígdala, la región del cerebro donde nace el miedo, sino que a Calleja, a Frank y a algunos japoneses les van los desafíos extremos, las junglas extremas y los concursos extremos. Pues vale.

No sé qué parte del cerebro controlará la emoción al ver programas como “Desafío extremo” o “Frank de la jungla”, pero a mí me falta o la tengo dañada. Al igual que esa mujer de Iowa que tiene la enfermedad de Urbach-Wiethe y no siente miedo al ser atracada de noche en un parque solitario, ni siente un escalofrío al ver películas como “El resplandor”, ni se inmuta cuando se ve rodeada por tarántulas, algunos asistimos con cara de palo a los desafíos de Calleja, los pasotes de Frank o los cacharrazos de los concursantes de “Humor amarillo”. ¿Qué minúsculo pedacito del cerebro tiene la culpa de que navegar por la TDT sin caer en las redes de las tertulias de mega-ultraderecha me parezca un desafío más extremo que bucear en las aguas del lago Tilicho? ¿Qué rarísima lesión cerebral, todavía no descrita en la literatura médica, hace que la jungla de “Gran Hermano” me produzca más desazón que el dragón de Komodo o un tigre salvaje amenazando a Frank? ¿A qué parte de mi cerebro debo culpar de mi falta de empatía con los pobres japoneses que se estrellaban contra una barra con una sonrisa en los labios? ¿No hay una enfermedad de Urbach-Wiethe que no tenga que ver con la indiferencia hacia los parques solitarios o las películas de terror, sino con la indiferencia hacia los desafíos inútilmente extremos, con las ganas de molestar a los animales de la jungla o con la capacidad de pegarse castañazos sin perder la sonrisa?

No sé que parte del cerebro tengo dañada, pero sí sé que sufro la enfermedad de Calleja-Frank. ¿Puedo pedir la baja para ver sus programas?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No sopor, no sopor, no soporto a los Callejas del mundo. Pero los tíos de Humor amarillo me hacían gracia. ¿Tengo sólo media enfermedad de Calleja-Frank?

1tiatordos dijo...

Parece que los del materialismo grosero están en desbandada. El fenómeno "tertulia ultraderechista" en la tedeté ya estaba controlado en los Usa hace años, antes del "Tea Party".

Lo extraño es que el innegable negocio de sus contrarios no haya sido tan siquiera atisbado por el viejo trotskista Roures. Por lo que comentan algunos despistados, algo se quiere hacer: http://www.vertele.com/noticias/lasexta-entra-a-competir-ahora-con-el-gato-al-agua-en-la-tdt/