10 diciembre 2010

ARSÉNICO

A partir del descubrimiento de que hay bacterias cuya biología está basada en el arsénico veo la telebasura con otros ojos. Todos sabemos que lo más inquietante de los vertederos audiovisuales no son los contenidos en sí mismos, sino esa extraña ansiedad que aparece al ver a ejemplares humanos, semejantes a los demás humanos en casi el 100% de los genes, comportarse de formas que parecen violar las leyes más elementales de la materia orgánica. Kiko Hernández, Karmele Marchante, Jorge Javier. Hasta ahora estas anomalías hundían en la decepción existencial cualquier intento científico de apresar la lógica de la humanidad. Pero ya no. La doctora Felisa Wolfe-Simons, investigadora del Instituto de Astrobiología de la NASA, ha demostrado que existen formas de vida mucho más variadas de lo que suponíamos, algunas de ellas basadas en elementos químicos que pueden resultar mortalmente tóxicos para otras, como es el arsénico. Ay, carajo. Ahora lo entiendo todo. Qué alivio.

El arsénico, por ejemplo, explica todo lo que vimos en el especial sobre Emilio Rodríguez Menéndez que Telecinco depuso el miércoles por la noche. Jordi Glez, Malena Gracia, Rafael Vera, Nuria Bermúdez. Antes me hubiera tirado de los pelos del sobaco intentando establecer contacto fenoménico con esas formas de vida. Ahora por el contrario aplaudo fascinado al contemplar el resultado de millones de años de evolución de las bacterias Wolfe-Simons en un ecosistema particularmente rico en arsénico y similares. No son raros. María Antonia Iglesias, Antonio David, el Dioni, el mismo abogado en su mismidad. Son únicamente organismos basados en otros elementos químicos, similares superficialmente al conjunto de la ciudadanía gracias a las virguerías de la evolución convergente pero alejados de él en sus fundamentos biológicos como lo está el planeta Tierra de la supernova GRB 090423. Celebremos la diversidad de la vida y disfrutemos de ella. Nosotros necesitamos fósforo para poder vivir. Ellos, arsénico.