28 diciembre 2010

DARWIN GANA A PLATÓN

El título del "Redes" del pasado domingo era tan inquietante como revelador: "El cerebro no busca la verdad, sino sobrevivir". Es una afirmación que sólo tiene algún sentido si no es pronunciada por un cerebro. Podríamos creérnosla si la pronunciase... no sé... una manzana reineta, la concha de un caracol o la cola de un cometa que atraviesa el cinturón de asteroides que hay según sales de Marte y coges la carretera a Júpiter. Pero que un cerebro diga que los cerebros no buscan la verdad podría considerarse una afirmación cretina y cretense: si un cerebro dice que él mismo no busca la verdad, entonces a lo mejor sí busca la verdad, luego, por tanto, no busca la verdad, es decir, que puede que busque la verdad, de lo que se deduce que no busca la verdad... y así hasta que nos haya crecido tanto la barba que no haya barbero que la afeite.

Cuidado con las autoreferencias. Todo el paradójico "Redes" de anteayer hubiera quedado limpio de cortocircuitos si el cerebro de Punset y el de su invitada Cordelia Fine en vez de referirse a sí mismos en su encefalidad hubieran apuntado... no sé... a los informativos de televisión. "Los informativos de televisión no buscan la verdad, sino sobrevivir" es una frase clarita con la que deberían abrirse todos los noticiarios de Telecinco. También oímos en "Redes" "el cerebro trata de convencerse siempre de la opción más cómoda, de la que concuerda mejor con su propia realidad", afirmación dudosa si es formulada por un cerebro, pero diáfana si se convierte en "los informativos de televisión tratan de convencernos siempre de la opción más cómoda, de la que concuerda mejor con su propia realidad". "El cerebro enturbia nuestras opiniones, y, por ejemplo, activa la intolerancia" es una opinión turbia; "las tertulias fachas de la TDT enturbian nuestras opiniones y, por ejemplo, activan nuestra intolerancia" es un aserto diáfano como el sol en el solsticio.

Los programas de televisión no buscan la verdad, sino sobrevivir. Incluso hablando de fenómenos que no existieron hasta mediados del siglo XX, Darwin, como siempre, gana a Platón.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Desde un punto de vista evolutivo es mucho más rentable sobrevivir que conocer la verdad. Con la mentira se puede vivir, pero sin sobrevivir es difícil seguir viviendo, así que los más adaptados tristemente son los que sobreviven. El cerebro de Galileo buscó la verdad y casi le cuesta la vida. Ya seamos científicos en una época dominada por el fervor religioso o líderes de una revuelta contra un imperio de máquinas que nos mantiene en un mundo virtual, la verdad siempre acarrea riesgos, y los recursos que a veces utilizamos para evadirnos de ella a veces son llamados "enfermedades mentales". Lo malo es que cuando nos encontramos con la verdad que a veces buscamos no es la que esperábamos. Es en éste momento cuando la verdad, además de poder matarnos decepciona. Eso sí, siempre encontraremos gente que prefiera la verdad antes que sobrevivir.

gero dijo...

Es muy triste, pero cierto: la televisión no busca la verdad, si no la opción más cómoda para que la audiencia siga siendo audiencia de su canal. Y es triste porque la televisión es un medio de comunicación.
En fin...