12 diciembre 2010

LOS RESTOS DEL NAUFRAGIO

Contra todo pronóstico internetero sigue creciendo el consumo de televisión. Y contra todo pronóstico telebasuril siguen interesando los informativos. El pasado puente las cadenas especializadas en información y los programas informativos arrasaron. ¿Por qué?

Una explicación buena, buena, sería que los espectadores no entendíamos la contradicción en sus términos que suponen unos controladores descontrolados provocando la redundancia que supone un caos aéreo. Y no me miren con esa cara. En el siglo XVII el químico flamenco van Helmont inventó la palabra “gas” partiendo del latín “chaos”. Si tanto “caos” como “gas” significan “desorden”, decir que hay caos aéreo es una redundancia porque el aire es un gas. ¿Estamos? Creo que ya lo van pillando, pero por si acaso les pongo un ejemplo. Es como si los informativos dijeran que los descontroladores esos provocan que los números irracionales se comporten de forma insensata… Por favor, si hace ya 2.500 años que los pitagóricos sabían que estos números eran tan irracionales que no se podía contar con ellos. Y digo “contar” con segundas, porque… Bueno, vale, ya lo dejo.

Una explicación menos buena que la anterior, pero más creíble viene a continuación. Dijo el gran Lucrecio: “Está bien ver al navegante lejano luchar contra la borrasca y naufragar, no porque nos alegremos del mal ajeno, sino porque es bueno hallarse libre de tormentos”. Así fue hasta ahora, pero ya no. Ahora, además de ver por la tele al navegante lejano luchar contra la borrasca y naufragar desde la comodidad de nuestras casas, podemos ser el navegante, podemos luchar contra la borrasca, podemos naufragar, y después podemos irnos a casa a ver por la tele lo que los informativos dicen de nosotros. Durante el caos aéreo todos fuimos navegantes viendo en la tele cómo naufragábamos. Y todos es mucha gente viendo la tele.