13 enero 2011

BELÉN ESTEBAN Y EL "POTORRO"

Ustedes me disculpen, pero, suponiendo que Belén Esteban sea un ser humano biológicamente similar a cualquier otro, ¿es el “potorro” la sede de la voluntad, el lugar en el que tiene su asiento la volición, la llave que conecta nuestro hardware corporal con ese etéreo software espiritual encargado de tomar las decisiones? No pongan esa cara, que no estoy preguntando qué es el potorro (algo que sin duda explicará la “Anatomía” de Gray, el manual de anatomía que inspiró la serie televisiva que les ha hecho pensar que acabo de errar en una letra al escribir “Gray”). Pero es que desde que la Esteban enseñó el otro día a la cámara la foto de su hija Andreíta en “Sálvame Deluxe” diciendo “Ya sé que los menores no deben salir en televisión, pero como es mi hija la saco porque me sale de todo el potorro”, no hago más que pensar en lo que estará sufriendo Descartes al ver que el “potorro” gana en el sentir popular a la glándula pineal.

En el siglo XVII Descartes decía que si queremos algo no es porque nos salga del “potorro”, sino de una parte del encéfalo que a él le hacía tilín: la glándula pineal. Ése es, pensaba, el lugar en el que nuestra alma, pensante e inextensa, se conecta con nuestro cuerpo, material y extenso. De manera que, para el fundador de la filosofía moderna, si pensamos, sufrimos o queremos algo es porque “nos sale” de la glándula pineal. Es sin duda una idea rebuscada, pedante y falsa, pero dejadme, ay, que la prefiera a esa mucho menos rebuscada y pedante, pero igual de falsa del “potorro” que propone la Esteban, tal vez porque a cada uno el cuerpo le hace tilín donde Dios le da a entender.

El prestigioso neurobiólogo y Premio Príncipe de Asturias Antonio Damasio considera que el error de Descartes fue separar el cuerpo y el alma en un dualismo peligroso y falaz. La princesa del pueblo se conforma con cambiar la glándula pineal por el “potorro”. Siempre que se trate de “todo el potorro”, claro.