15 enero 2011

TAL COMO QUERÍAN QUE FUÉRAMOS

Sólo TVE podía hacer un programa sobre anuncios sin publicidad. Se llama “Los anuncios de tu vida” y se emite entre “Cuéntame cómo pasó” y “Cómo hemos cambiado”. Así, el jueves se convierte en el día oficial de la nostalgia televisiva. Manuel Campo Vidal, su presentador y director, juega esa baza: “Queremos que vean cómo se ha transformado la sociedad española”. Y vaya si se ha transformado, pero igual que no podemos olvidar que “Cuéntame” es ficción ambientada en el pasado, debemos tener en cuenta que los anuncios del pasado no nos retratan tal como éramos, sino tal como los anunciantes querían que fuéramos. A ver con un ejemplo actual.



Un niño invita a una niña a pescar, jugar al fútbol, patinar, tirar flechas y montar en bici. Como ella no acepta, tiene una conversación “hombre a hombre” con su padre, que deja clara su viril condición haciendo bricolaje casero: “Tendrás que pensar una idea mejor”. La invita a una cadena de comida rápida y ella acepta. ¿Los niños son así o hay una multinacional que quiere hacer creer a los niños que son así para que empiecen a comportarse así y pasen por caja?

Los anuncios son como la ciencia ficción. Ambos géneros nos llevan a un futuro que no existe pero que se desea o se teme. En los años 60, Teresa Gimpera vendía el futuro encerrado en una lavadora. Visto desde hoy aquello da tanta risa como la resultona parodia que realizó para el programa con un Quequé sembrado. En “Metrópolis” se retrata en 1926 cómo sería un futuro 2026 lejano y temible. Nos quedan 15 años para decidir qué condiciones laborales queremos y darle o quitarle la razón. Los padres de los niños de hoy tienen que decidir ya si los llevan a andar en bici o les dan dinero para que se diviertan quietecitos comiendo hamburguesas. Si en 2026 sus hijos tienen trabajo y consiguen ahorrar tal vez puedan comprarse uno de esos chismes de gimnasia pasiva que salen en los anuncios. Qué poco cuesta (€ 3,65) hacerles sonreír.

1 comentario:

Enefecto invernadero dijo...

Joe, como el anuncio de champú con esa chica pasándoselo tan bien. Yo desde que lo probé, no volví a creerme un anuncio. Qué manera de jugar con la ilusión...!