19 agosto 2011

EL ODIO



“Chicago”. Musical ganador de seis Oscars de la Academia en el año 2003. Tras mil enredos legales gracias a los que han conseguido ser declaradas inocentes de los respectivos asesinatos que cometieron, Roxie Hart y Velma Kelly charlan acerca del futuro que les espera ahora que han salido de la cárcel. Se odian. Su odio a muerte es una mezcla de celos profesionales y resentimientos por agravios cometidos durante los meses de prisión. “Podríamos trabajar juntas. Por separado no interesamos a nadie, pero los empresarios nos ofrecen varios miles de dólares por juntar sobre el mismo escenario a las dos asesinas más famosas de Chicago”, propone Velma. Roxie duda, su cara indica que está a punto de aceptar pero finalmente rehúsa: “No, no funcionaría”. “¿Por qué?”. “Por que nos odiamos”. “Pero, querida”, zanja Velma, “nuestra profesión es la única en la que eso no es ningún inconveniente”. Y la película termina con el perfecto “Nowadays”.

Si en el Chicago de los años 20 el odio entre los participantes de un espectáculo no era inconveniente para su éxito, en la televisión de los años 10 del siglo siguiente dicho odio no sólo no es inconveniente para triunfar entre la audiencia, sino que parece ser el único ingrediente que garantiza con seguridad la permanencia en pantalla de forma indefinida. ¿Todo lo que necesitas es amor, como cantaban los Beatles? No, colega, todo lo que necesitas es odio. ¿De qué se ha nutrido “Sálvame” durante toda la temporada 2010-11? De odio. ¿Y “Supervivientes”? De odio. ¿Y “Enemigos íntimos”? De odio. Allá donde hay dos famosos que algún día creyeron quererse y ahora se odian, o que algún día creyeron odiarse y ahora se odian, hay un periodista carroñero vinculado a la televisión ofreciéndoles dinero por acudir a un plató de Telecinco. Permítaseme sólo una pequeña licencia en frase final de “Chicago”: “Quizá todo esto cambie dentro de cincuenta años, ya sabes, pero hoy en día el odio es el cielo”.