21 agosto 2011

LA PIEL DE BELÉN ESTEBAN

Lo que Belén Esteban puede aportar al mundo de la televisión y al mundo en general no va más allá de su piel. Muecas, poses, gestos, mohínes, ademanes, posturas, contorsiones y aspavientos. Eso es todo. Su herramienta de trabajo es su propio cuerpo y, por extensión, Andreíta, que si todo le va bien algún día desempeñará la misma labor ocupando el mismo puesto en la misma industria al servicio del mismo patrón para abastecer el mismo mercado. Ese es todo su capital: su cuerpo y su prole. Cuando Esteban se opera no hace ninguna tontería. Actúa sobre su herramienta de trabajo para mejorar la productividad de la empresa a la que vende sus servicios. Pero cuando va más allá de su piel, se equivoca.

Telecinco acaba de rechazar un programa en el que Esteban recorría España mostrando lugares, costumbres y personajes de diferentes provincias. Grabó dos pilotos en Granada y Asturias, pero no funcionaron y frenó el proyecto. Aquellas visitas esperanzaron a quienes creyeron que este programa de la ex esposa del ex torero atraería visitas y mejoraría el turismo en la zona. También preocuparon a quienes pensaron que, aunque así fuera, preferirían no deberle nada a Belén Esteban: “No en mi nombre”. Pero se trató de una falsa esperanza y de una falsa alarma.

Es que Esteban recorriendo España se aleja demasiado de su piel, que es el límite de sus dominios. Y más allá de este límite, no aporta nada, no es nada, no funciona. La presencia de la princesa del pueblo en nuestras calles no supone el culmen de un viaje de ida y vuelta desde el pueblo del que procede hasta el pueblo que la acoge. No dispone de ningún protocolo real que la proteja, así que no puede romperlo, como hace la real Familia Real, para reunirse con los suyos. Solo es la princesa del pueblo cuando hay una pantalla de por medio envolviendo su piel. Y la pantalla confirma que, más allá de sus muecas, poses, gestos, mohínes, ademanes, posturas, contorsiones y aspavientos, no es nada.