01 marzo 2012

BELÉN ESTEBAN SOCIEDAD LIMITADA

Belén Esteban se desinfla. Es lógico. Los culebrones y series de larga duración necesitan una renovación constante de personajes y situaciones que mantengan el interés. Ahí están “Amar en tiempos revueltos”, “Cuéntame cómo pasó”, “Aída” o “Águila roja” para demostrarlo. Pero el culebrón “Belén Esteban” no tiene esa capacidad para tirar de banquillo, para incorporar caras nuevas. Su entorno desestructurado da para lo que da, que bastante es. Puede aparecer un novio que se convierte en marido, pero poco más. Así que Esteban debe llevar ella solita sobre sus espaldas el peso del guión de su propia vida, protagonizándolo todo, sufriendo en primera persona situaciones que en cualquier culebrón se repartirían entre diez o quince personajes.

A Andreíta aún le faltan unos añitos más antes de saltar a la arena. Paciencia. Su actual marido para siempre hasta que una exclusiva los separe tampoco hace gran cosa. Como Andreíta, se mantiene en la sombra dando que hablar a los belenestebanólogos habituales. Apenas abandonó el segundo plano llamando a Telecinco en directo para alimentar alguna de las trifulcas en marcha. Así que los guionistas tienen que hacer que a Esteban le pase de todo. Y el show empieza a dar muestras de agotamiento.

El otro día anunció en exclusiva que debía operarse porque las prótesis de silicona que se puso para otra exclusiva son PIP. Pues ni hubo revuelo ni nada. Este lunes anunció tan fresca que dos días antes estuvo en parada cardiorrespiratoria al borde de la muerte y sin ambulancia disponible. Pues tampoco pasó nada a pesar de tan milagrosa recuperación. Su nuevo papel de enferma-coraje que reivindica ambulancias para España y los españoles no cuaja. Si Belén Esteban S.L. quiere que el culebrón continúe, la señora tendrá que dar un paso más quitándose las prótesis en el plató. Y quiera Dios que no haya que recurrir a una parada cardiorrespiratoria en directo porque esta mujer, con lo que trabaja con tal de no trabajar, es capaz de todo.

1 comentario:

Francesc Bon dijo...

A cada cerdo le llega su San Martín y a esta zángana ya le ha durado demasiado su inmerecida celebridad cutre. Por mí como si la espicha y le ponen una webcam en el féretro.