11 marzo 2012

EL MUNDO A UN CLIC

La televisión puede educar. Lo dijo el príncipe Felipe de Borbón el otro día en un acto oficial organizado por la Academia de la Televisión como homenaje a los profesionales históricos del medio. Sin ánimo de ofender (porque él heredará un reino cuando alguien diga “El rey ha abdicado -o muerto, Dios no lo quiera-, viva el rey”, y yo solo formo parte del grupo de súbditos que va dentro de la herencia), le diría que no es que la tele pueda educar, es que la tele educa, es que lleva muchos años educando, es que si educar es dirigir, encaminar, adoctrinar (como dice el diccionario), pues la tele educa porque dirige, encamina y adoctrina como nadie y como nada de forma omnipresente e inescapable.


No importa, porque la tele se muere. Con Internet y los nuevos soportes, le pasa como al Imperio Romano cuando su poder comenzó a desmoronarse tras la muerte de Marco Aurelio. La tele también se desmorona, pero también parece que tardará tres siglos en caer. De momento, su consumo sigue aumentando. Entre los adultos y los niños, entre los españoles y los europeos. El tiempo de ocio aumenta porque el tiempo de no negocio afecta a más y más ciudadanos desempleados. Y el descenso en el gasto destinado al ocio beneficia a la forma de ocio más barata y accesible: quedarse en casa viendo la tele.

Nunca estuvimos tanto tiempo en casa viendo la tele. Internet nos ofrece un mundo a un solo clic, pero eso es demasiado esfuerzo. La tele no necesita ni ese clic porque siempre está encendida. Acompaña a los adultos sin necesidad de dar todo el rato al ratón. Y dejamos a los niños solos viendo la tele porque nos es familiar. La conocemos desde siempre y parece más inofensiva que Internet. En realidad, tendríamos el mundo a un solo clic si fuéramos capaces de apagar la tele y salir a dar una vuelta. Y si sacáramos a los niños de casa para que les diera un poco el aire.