16 octubre 2012

DE LA TROPOSFERA AL INFIERNO


En Telecinco se pusieron nerviosos en cuanto se supo. Una TVE en horas bajas apenas podía hacerles daño, pero la pública había conseguido los derechos de emisión en directo del salto extremo de un deportista extremo (¿queda algún deporte sobre la faz de la Tierra en el que sus deportistas profesionales no sean extremos?). A ver si por una tontería así iban a tener que renunciar a bromear entre ellos saludándose al principio de las reuniones de trabajo diciendo “Más público que la pública”. Con lo que les había costado conseguirlo.

- No nos pongamos nerviosos, dijo un genio del Departamento de Contenidos, se tirará, caerá en un suspiro y se olvidará. Irá a mucha más velocidad que Usian Bolt, pero la tele no tendrá nada que mostrar: no habrá miradas de reojo, sudor, mejillas rebotando en cada zancada, cuerpos tensos en un supremo esfuerzo final. No habrá repetición, segundo a segundo, de cada fotograma. Aunque bata todos los récords que anuncia, no se trata de récords televisivos. Y si algo sale mal, ya se ocuparán nuestros programas de sacar rendimiento a eso.

TVE tuvo la suerte de que hubo que posponer el salto varias veces generándose una expectación creciente. La caída de Baumgartner (cómo no recordar viéndola el viaje alucinante de Bowman  en “2001: Una odisea del espacio”) además de batir todos los récords mundiales que batió, registró un récord de audiencia de Teledeporte en los resultados del día. Pero, sobre todo y más allá de ese “A veces tenemos que llegar muy alto para ver lo pequeños que somos” con el que Baumgartner quiso contribuir a la historia de las frases célebres, aportó un dato para la reflexión del Departamento de Contenidos de Telecinco: para caer durante 16 minutos, Baumgartner tuvo que subir primero a la estratosfera y después saltar al suelo, mientras que para caer durante 30 años seguidos Telecinco solo tuvo que subirse encima de las Mamachicho y saltar de la troposfera al infierno.