26 octubre 2012

PANTOJA, CACHULI Y EL COTILLEO


Ser cotilla es fácil. Enciendes la tele y te metes a revolcarte en el primer lodazal que encuentres. Qué felicidad. Lo malo es ser un cotilla de pico fino, un chismoso sibarita, un entrometido que no se conforma con cualquier cotilleo sino que prefiere los bocados escogidos a los atracones. Esa es mi desgracia.

Lo que me extraña es que no haya programas de televisión que traten de los asuntos de los que a mí me gusta chismorrear porque. Seguro que tendrían éxito. Y yo sería feliz. Se trataría de que contaran todos los detalles de la relación económica y laboral que existe entre los profesionales del cotilleo y los empresarios e inversores que se benefician de este gran negocio. Anda que no molaría. Nombres y apellidos de presentadores, contertulios, colaboradores, famosos colaboracionistas, inversores y jefazos: listado completo con el desglose detallado de todo lo que ganan, de lo que acceden a hacer y por cuánto, de las prebendas que disfrutan, de los chanchullos y manejos de una industria poderosa e influyente que abastece un mercado que se infiltra por todos los canales de televisión, que todo lo deja pegajoso, que todo lo contamina.

Los cotillas al por mayor andan estos días metiéndose una sobredosis de chismes sobre las declaraciones de Julián Muñoz e Isabel Pantoja ante un tribunal por blanqueo de capitales. Pues no hay ni un cotilleo sobre lo que ganaron él y ella concediendo entrevistas o en connivencia con ciertos programas de televisión. Y mira que todos los que viven de esta industria disponen de datos de primera mano. Y mira que la Pantoja se lo puso fácil para que sumaran dos y dos hablando en la Audiencia del dinero en metálico que tenía en casa y de que ganaba mucho con las exclusivas. Y mira que hubo programas sonados entrevistando al Cachuli y a la Cachula en la tele, concretamente en Telecinco. Pero nada: se ve que los cotillas profesionales creen que hay cotilleos que no debemos cotillear.