22 octubre 2012

EL CLUB DE LA TRAGEDIA


Quizá en alguna ocasión la religión fue el opio del pueblo. En la actualidad el opio del pueblo es el humor. El humor que los políticos modernos cuidan de incluir en sus discursos modernos para convencer a su moderno electorado, el humor que los profesores actuales incluyen muy premeditadamente en sus clases asumiendo que no habrá otra forma de mantener la atención del alumnado, los chistes que cuenta Arguiñano durante la elaboración de sus recetas. Siete de cada diez programas nuevos que se estrenan en televisión tienen al humor como ingrediente fundamental. Cuatro lleva semanas puliendo “Guasap”, el programa de humor que competirá con el programa de humor “El hormiguero” y el programa de humor “El intermedio”. La Sexta y Cuatro preparan un duelo de programas de humor para la sobremesa diaria. Hace pocas semanas ha vuelto Eva Hache y “El club de la comedia”.

Adoro, -bueno, “adoro” es mucho decir...-, “El club de la comedia”, pero también adoraría, -y aquí “adoraría” sí es un término preciso-, “El club de la tragedia”, un espacio en donde nuestros mejores actores representaran monólogos dramáticos de extraordinaria calidad. Monólogos escritos expresamente para el programa o monólogos clásicos vinieran de donde vinieran. Stand-up tragedy. Extraídos de la televisión, -el discurso con el que Will McAvoy comienza el capítulo 3 de “The Newsroom”-, del teatro, -la arenga con la que Enrique V inflama a sus tropas antes de la batalla del día de San Crispín en la obra homónima de Shakespeare-, del cine, -la secuencia casi final de “Las horas” en donde una anciana Julianne Moore confiesa cómo abandonó a sus hijos pequeños-. Gigantes expresiones de la condición humana que amplíen la paleta de emociones desde las que mirar la vida cara a cara para conocerla y amarla. Más herramientas sentimentales que nos liberen de la uniformidad adormecedora y fofa de la risa. Experiencias que hagan que nos pongamos de puntillas en vez de hundirnos en el sofá.





1 comentario:

Alberto Secades dijo...

Gran artículo. Llevas toda la razón. Además de nublar nuestras entendederas, ahogan nuestra capacidad de sentir de formas muy diferentes.

Me has emocionado.