31 octubre 2012

LOS ZOMBIS NO HABLAN

La mejor definición de zombi es la que da T-Dog, uno de los personajes de “The walking dead”, en el segundo capítulo de la tercera temporada de la serie: “No son hombres, son otra cosa”. Exacto. Un zombi no es un hombre. Es otra cosa. Por eso me encanta “The walking dead” y me interesa todo lo que hace y dice Rick Grames, y por eso paso de los zombis. Entiendo que una serie de zombis sin zombis tiene tan poco sentido como “La guerra de los mundos” sin extraterrestres pulverizando seres humanos o una adaptación cinematográfica de la “Odisea” sin un cíclope comiendo crudo a algún compañero de Ulises. Pero los zombis, los extraterrestres y los cíclopes sólo son excusas para hablar de los hombres.

“Nada me enseñan la tierra y los árboles, sino los hombres en la ciudad”, dice Sócrates en el “Fedro” de Platón. Estoy seguro de que hoy Sócrates disfrutaría con “The walking dead”, “La guerra de los mundos” y la versión de la “Odisea” protagonizada por Kirk Douglas, pero diría que nada le enseñan la tierra, los árboles, los zombis, los extraterrestres y los cíclopes, sino sólo los hombres vagando por un mundo desolado y terrible, los hombres acosados por unos organismos de otro planeta con los que es imposible comunicarse, y los hombres acorralados por un ser con un solo ojo que ignora las leyes de la hospitalidad. Nada nos enseñan las espeluznantes luchas entre zombis y humanos de “The walking dead”. Ver cómo Daryl atraviesa la cabeza de un zombi con una flecha no tiene ningún interés, pero acompañar a Daryl en su viaje desde la autosuficiencia idiota a la autosuficiencia solidaria es una aventura apasionante.

En una ocasión, Sócrates dijo a un bello joven que le acompañaba en completo silencio: “¡Habla, para que te vea!”. Los zombis no hablan, luego no se les puede ver. No son interesantes. Sócrates, como dice Robert Mitchum en “Retorno al pasado”, nunca aprendió nada escuchándose a sí mismo. Rick, Lori y los demás personajes humanos de “The walking dead” nos ayudan a conocernos a nosotros mismos, pero sólo cuando no tienen que dedicarse a reventar cabezas de zombis y, sencillamente, hablan para que les veamos.