19 octubre 2012

LA LEY DE LOS OCHO AÑOS


Se me ocurrió empezar esta columna de tres formas diferentes. En la primera, Moisés bajaba del monte Sinaí con las tablas de la Ley del Dios de las Televisiones, y el primero de los mandamientos, -bueno, el segundo, que en el primero los dioses siempre dicen que ellos son los dioses y los más guays y blablablá-, proclamaba que una serie de televisión nunca ha de superar las ocho temporadas. La segunda forma de empezar pretendía poner en marcha una iniciativa popular para que el legislador, -“el legislador”, llevo toda la vida oyendo hablar de él; yo por saber quién es...-, limitara por ley la duración de las series de televisión a un máximo de ocho temporadas. En la tercera se contaba la noticia de que un grupo de investigadores de algún prestigioso instituto, -por ejemplo, el tan recordado Consejo Superior de Investigaciones Manifiestamente Manipuladas-, había descubierto que la estructura atómica de las series de televisión se vuelve inestable a partir de las ocho temporadas y comienza a degradarse en productos volátiles altamente desaconsejables.

Sea una ley divina, jurídica o científica, el mensaje es el mismo: si tu serie se acerca a la T8 has de ir terminándola. “Dexter” va por la séptima y ya está mayor. “The office” va a terminar en la novena; debería haberlo hecho en la octava. “Como conocí a vuestra madre” ha anunciado su final; ¿en qué temporada está? en la octava. “C.S.I.” va por la T13; carajo, ¿hay alguien que siga viendo “C.S.I.”? “Mujeres desesperadas” cascó en la octava. En ocho años todas las tramas han sido exprimidas hasta la cáscara, han ocurrido todos los emparejamientos, desemparejamientos, muertes y nacimientos que los personajes permiten, todos los casos policiacos, casos médicos y enredos cómicos que unos guionistas sapiens sapiens son capaces de imaginar. Da igual que la audiencia siga siendo buena: cualquier temporada posterior a la octava es una temporada que no debió haberse grabado. Un ser humano sano vive unos ochenta años. Los gatos sanos nos molestan durante unos quince. Las buenas series duran ocho años, ni uno más ni uno menos. Es ley de vida.

(In memoriam: “House”, 2004-12. Éste es el primer otoño desde hace ocho años que no tenemos capítulos nuevos).

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Con la excepción de Freiser, claro.

Anónimo dijo...

¿Mujeres desesperadas era buena serie?

Antonio Rico dijo...

Que todas las buenas series duren ocho años no quiere decir que todas las series que duran ocho años sean buenas. Podría explicarlo en términos de lógica formal hablando del modus ponens y el modus tollens pero... bueno, en verdad no podría.