06 febrero 2014

HIJOS DE PUTA


No queremos la verdad, queremos mentiras agradables. Por eso no nos quejamos cuando la tele miente, nos quejamos cuando la tele cuenta otras mentiras en lugar de las nuestras. Nuestros lamentos por las falsedades televisivas no buscan que la tele muestre las cosas tal y como son, buscan que muestre las cosas tal y como nosotros las imaginamos. Eso nos resulta reconfortante porque así los demás se creerán nuestras mentiras y a nosotros nos resultará más fácil seguir viviendo engañados y felices.

La noche del martes, Telecinco, Divinity, Energy, FDF, LaSiete y Nueve estrenaron por saturación la serie “El Príncipe”, ambientada en la comisaría del barrio ceutí de El Príncipe. Nadie se queja de que en solo dos días de lo que debería ser el trabajo rutinario en una comisaría de barrio se concentraran tal cantidad de acontecimientos sumamente emocionantes, tanto desde el punto de vista laboral como personal, como los que muestra la serie. Nadie señala lo artificioso que resulta que coincidan tantos personajes que encajan con los habituales arquetipos del género, pero que no se corresponden con la vida real, más diversa, anodina y gris. Nadie pone el grito en el cielo porque todos los cálculos de probabilidades salten por los aires al ver el increíble porcentaje de hombres increíblemente guapos y mujeres increíblemente guapas que existe entre los personajes protagonistas de la serie, anomalía estadística que desaparece si nos fijamos en los figurantes: esos ya no parecen surgidos de un casting en el que antes que nada se pidió a los actores y actrices que fueran increíblemente guapos y guapas.

Andan los ceutíes preocupados porque la serie retrata una ciudad degradada y peligrosa. No gusta que un personaje diga que el barrio de El Príncipe está lleno de hijos de puta. Pero nadie se queja de que una actriz guapísima le diga a un actor guapísimo que si no entiende una mirada tampoco entenderá un largo discurso. Será que allí, como en todas partes, es más fácil encontrar románticas historias de amor imposible entre guapísimos y guapísimas que cruzarte por la calle con un hijo de puta.

1 comentario:

Maron Penrose dijo...

Leerte es glucosa directa al cerebro. Expresas deliciosamente lo que muchos pensamos del panorama actual de la televisión. Que no decaiga.