2/2/14

SITIOS EN DONDE CABE LA VIDA

(En la semana de la muerte de Pete Seeger, Félix Grande, Carlos París y Luis Aragonés)

Decía el grandísimo Félix Grande que la genialidad del flamenco consiste en su habilidad para ir directamente a la esencia de las cosas y meter la vida entera en tan sólo veinte o treinta sílabas -y ponía como ejemplo la siguiente soleá: la noche del aguacero / dime dónde te metiste / que no te mojaste el pelo-. Quizá exageraba. Es cierto que en las veinticuatro sílabas de una soleá suele caber más vida que en veinticuatro tomos de muchas enciclopedias. Pero a lo mejor para abarcar toda la experiencia humana hace falta algo más de espacio: quizá haga falta una canción entera -yo propongo “Reno”, de Bruce Springsteen, háganse con una buena traducción-; o quizá ni siquiera quepa la vida entera en cuatro minutos y sea necesario buscarla en una película excepcional -¿”La gran belleza”? ¿”Un lugar en el mundo”? ¿”El apartamento”?-.

En donde sin duda cupo nuestra vida entera, con todos sus colores y sus rincones, fue en la programación de ayer de TCM, el bendito canal dedicado al cine clásico que se ofrece en las plataformas de pago para sustituir a la vida real. Les reto a que encuentren un componente significativo de la condición humana que no haya aparecido en alguna de las doce películas que se emitieron. ¿La hipocresía? “La noche de la iguana”. ¿La esperanza en medio del horror? “Good morning, Vietnam”. ¿La crueldad del poder y la riqueza? “Ciudadano Kane”, “Rebelión a bordo”. ¿Los abismos que van más allá de las palabras? “Giuletta de los espíritus”. ¿Las pistolas hechas con pastillas de jabón y las dificultades para tocar el violonchelo durante un desfile de bandas de música? “Toma el dinero y corre”.

Desde las veinticuatro sílabas hasta las veinticuatro horas de cine, la vida se pliega y se despliega en ese intento permanente que practicamos las personas de comprender lo que nos pasa a base de recrearlo con palabras e imágenes. Hasta que por fin, cuando hemos apresado algo que parece sólido, la vida va y se va.

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