01 febrero 2014

EL ÉXITO DE CHANQUETE


Chanquete ha muerto. Hace más de veinte años que no hace más que morirse. Al principio solo se moría en las emisiones, reemisiones y requeteemisiones de “Verano azul”, que ya era bastante, pero ahora no le queda otra que morirse cada dos por tres en las series ambientadas en los ochenta y en todos los programas nostálgicos que se hacen en España. La muerte de Chanquete es muy años ochenta y no puede faltar en ocasiones así. Es como el Naranjito, pero no tan sórdido. Multipliquen las narices que se puso Michael Jackson por las caras que por ahora lleva Belén Esteban y eso no es nada al lado de las veces que la palmó Chanquete. Ha muerto tanto que nadie recuerda que alguna vez estuviera vivo.

La última vez que, de momento, murió Chanquete fue anteayer. Primero murió en la serie “Cuéntame cómo pasó” y después murió en el programa nostálgico “Ochéntame otra vez” que la acompaña en la noche de los jueves de La 1. Pancho no hacía más que correr por la playa a todo lo que daba, con lo que cansa correr por la arena, mientras gritaba. “¡Chanquete ha muerto! ¡Chanquete ha muerto!”. La segunda vez no tuvo tiempo ni de recuperarse de la galopada anterior. “¡Chanquete ha muerto! ¡Chanquete ha muerto!”. Pobre chaval, corriendo hacia su perdición. El actor José Luis Fernández no quedó encasillado en el papel de Pancho, ya le hubiera gustado: quedó encasillado en ser el que grita “¡Chanquete ha muerto! ¡Chanquete ha muerto!”. Algo tan terrible solo ocurrió en el mundo de la interpretación a aquel otro mozalbete que sollozó “Españoles: Franco… ha muerto” unos años antes. Ambos acabaron con su carrera.

Chanquete está entre nosotros desde que ya no está entre nosotros, nos acompaña desde que nos dejó, queda desde que se ha ido, vive desde su muerte. Por eso el éxito de Chanquete está en su fallecimiento, su defunción, su óbito, su tránsito, su expiración, su deceso: en su éxito. En efecto, el éxito de Chanquete es el éxito de Chanquete.