27 abril 2016

OLIMPIA DE JANEIRO


Si viajamos a Grecia para ver el hermoso templo de Apolo en Basas pero lo hacemos con la imagen en la cabeza del romántico cuadro pintado por Edward Lear, corremos el riesgo de creer que nos hemos equivocado de templo. Lear, que vio el templo con sus propios ojos en su viaje a Grecia, pintó el cuadro en Inglaterra tomando como modelo la campiña inglesa, de modo que las rocas y árboles que aparecen en primer plano fueron pintados al natural en la zona rural de Leicesterhire. Como apuntan los helenistas Mary Beard y John Henderson, Lear insertó en los recuerdos de su viaje a Grecia el paisaje de su propio país, de forma que su cuadro “El templo de Apolo en Basas” no se limitaba a ser una copia del original que había contemplado, sino que era también una imagen del campo inglés.

No debemos olvidar el cuadro que Lear dedicó al templo de Basas cuando reflexionamos sobre nuestra percepción del mundo clásico y cuando vemos en los telediarios las imágenes del encendido de la antorcha olímpica que viajará hasta el estadio olímpico de Río de Janeiro. La sacerdotisa que enciende la llama es una actriz, las ruinas del templo de Hera en Olimpia no se corresponden con su grandeza y función original, en los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia no había una llama que ardía en un pebetero durante las competiciones, la llama olímpica ardió por primera ver en los Juegos Olímpicos de Amsterdam de 1928 y la ceremonia de encendido de la llama y su posterior traslado a la ciudad que acoge los Juegos Olímpicos no tiene relación con el mundo clásico porque fue una idea que se les ocurrió a los organizadores de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, pocos años antes de que Hitler se cagara y meara en Grecia y sus soldados izaran la bandera nazi en la Acrópolis. La imagen que los telediarios ofrecen del templo de Hera en Olimpia está inevitablemente adornada con rocas y árboles de nuestros campos, de forma que las columnas rotas del templo y las esbeltas sacerdotisas que se mueven entre las ruinas como si los viejos dioses griegos las estuvieran observando son el resultado de nuestras expectativas sobre el mundo griego y la realidad de unos Juegos Olímpicos que nada tienen que ver con la reunión panhelénica que cada cuatro años, desde el año 776 a. C. hasta finales del siglo IV d. C, convocaba a los mejores atletas del mundo griego, que viajaban a Olimpia para competir en diversas categorías. El templo de Apolo de Edward Lear es Grecia y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro también son Grecia, pero ni ese templo está en Basas ni los Juegos Olímpicos están en Olimpia.