13 abril 2016

DARWIN EN LAS GALÁPAGOS


Cuando Charles Darwin visitó las islas Galápagos, comprobó que cada isla tenía sus propias especies, que se diferenciaban muy poco de las especies de las otras islas y algo más de las especies del continente. Los treinta y seis días que Darwin pasó en las Galápagos son muy pocos comparados con los días que los espectadores pasamos en las cadenas televisivas, pero las conclusiones son las mismas: las noticias que vienen del mundo real, como las antiguas especies de América del Sur que dieron lugar a tipos especiales en las islas Galápagos, forman en cada cadena televisiva ramas especiales. Los pinzones, las iguanas y todas las criaturas originarias del continente se transformaron en las Galápagos en nuevas variedades y nuevas especies, del mismo modo que las noticias sobre la crisis griega que llegan del este de Europa se transforman en cada isla-cadena en nuevas variedades que son ramas especiales de los antiguos hechos griegos. Sin embargo, en las islas Galápagos televisivas está ocurriendo algo sorprendente: todas las noticias se parecen tanto entre sí como se diferencian de las especies del continente. Todos los pinzones e iguanas isleños son iguales porque no se desvían un milímetro de las directrices del Ministerio de la Verdad, mientras que la crisis griega, la guerra en Siria, el horror de Irak, el desastre de Afganistán o el galimatías panameño se alejan cada vez más de nuestra comprensión. Darwin necesitaría más de treinta y seis días para entender lo que está pasando.

Como todos los telediarios de todas las cadenas son ya básicamente iguales, zapear en busca de enfoques diferentes de las noticias se ha convertido en una actividad tediosa e inútil. La culpa de la crisis griega, por ejemplo, es de los griegos vagos y corruptos. Punto. Como todos los pinzones de las Galápagos son iguales, propongo crear nuevas islas en, por ejemplo, La 2. Propongo que el escritor y helenista Pedro Olalla, por ejemplo, nos hable de Grecia en particular y del mundo en general cada vez que la cara de Ana Blanco aparezca en el Telediario. Propongo que el filósofo Emilio Lledó, por ejemplo, compita con Iker Jiménez y compense el escándalo de “Cuarto Milenio” con su amable sabiduría. Propongo que Quini, por ejemplo, ponga en su sitio a las gritonas tertulias futbolísticas. Y, así, ni Darwin ni los espectadores perderíamos el tiempo cuando visitamos las islas Galápagos.