11 marzo 2011

CLARA Y CAMPOAMOR

Podemos tener una cosa clara, pero confundirnos. Pudo verlo anteayer por la noche en La 1 quien tuvo la inmensa fortuna de seguir la tv movie dedicada a la persona que más hizo en España por la igualdad de la mujer y a la mujer que más hizo en España por la igualdad de las personas, “Clara Campoamor, la mujer olvidada”.

A todos nos molesta equivocarnos. A Descartes le molestaba más que a nadie. Por eso quería que cada una de sus ideas fuera clara (o sea, que se impusiera a la mente atenta sin posibilidad de ponerla en duda), pero también distinta (o sea, que estuviera bien delimitada y diferenciada de otras con las que pudiera confundirse). Anteayer vimos que en los años treinta del siglo pasado, como antes y como ahora, había personas que tenían clara la idea de igualdad de los seres humanos (en diferentes versiones: todos estamos dotados de alma, todos somos hijos de Dios, etc.). Pero es que, además de tenerla clara, no todos la tenían distinta. Así que se liaban. Durante la Segunda República, como antes y como ahora, había personas con las cosas claras que no querían dar el voto a las mujeres para protegerlas de la Iglesia, de sus confesores o de su propia ignorancia. Así que la mejor manera de alejarlas del error y de tutelas extrañas era someterlas a la propia tutela negándoles el voto. Creían no equivocarse porque tenían las cosas claras. Pero estaban en el error porque no las tenían distintas.

Clara Campoamor tenía una idea clara y distinta de la igualdad de la mujer. No era una adelantada de su tiempo: nadie puede serlo. Pero sí hay personas que son de su tiempo pero viven rodeadas de personas atrasadas a su tiempo. Y Clara Campoamor fue una de ellas. Esta es una idea que los que vimos anteayer la estupenda y oportuna “Clara Campoamor, la mujer olvidada” tuvimos clara y además distinta. O, dicho de otra manera pero diciendo lo mismo, Clara y Campoamor.