24 abril 2011

ALÓ, SANTO PADRE


¿Por qué todos los medios relacionan el último show propagandístico de Benedicto XVI con el programa “Tengo una pregunta para usted”? En el “Tengo una pregunta” el entrevistado comparece en directo; en “A su imagen - Preguntas sobre Jesús”, -así se llama el publirreportaje que la RAI y otras televisiones públicas (incluida la nuestra) le regalan al más humilde siervo del Señor; nosotros lo llamaremos “La hora de Bene” para abundar más en la cercanía de Ratzinger Z al pueblo de Dios; fin de este largo inciso-, el Papa lo hace en diferido. En el “Tengo una pregunta” el entrevistado no conoce las cuestiones que se le van a plantear; en “La hora de Bene” no es que el pontífice las conozca, es que las han elegido él y/o sus jefes de campaña de entre muchos miles de ellas. En el “Tengo una pregunta” el entrevistado las suele pasar canutas cuando se le interroga sobre las cuestiones más conflictivas en las que se ha visto envuelto; en “La hora de Bene” no hubo una sola pregunta sobre los escándalos de pederastia, ni sobre la no trivial responsabilidad de XVI y sus huestes en la expansión del sida en África, ni sobre la discriminación de la mujer en su iglesia o la colaboración del catolicismo con tantos regímenes autoritarios. En el “Tengo una pregunta” el entrevistado se enfrenta a ciudadanos de todas las ideologías políticas; en “La hora de Bene” seis de las siete preguntas provenían de católicos.

Resumiendo: “A su imagen - Preguntas sobre Jesús” se parece tanto a “Tengo una pregunta para usted” como la Mariología a una ciencia natural. No se entiende que los medios estén comparando ambos espacios, mejorando de esta manera la imagen de Benedicto XVI al asociarlo a un formato democrático prestigioso y no a una chufla publicitaria. ¿Por qué nadie se ha dado cuenta? El modelo televisivo del Papa no es Zapatero o Rajoy, sino el Hugo Chávez de “Aló, presidente”. Lo que nuestra televisión pública emitió ayer sábado no fue “Tengo una pregunta para el Papa”, sino “Aló, Santo Padre”.