10 abril 2011

UN OBJETO QUE HABLA

Kristian Pielhoff en “Bricomanía” nos enseña a operar sobre objetos de nuestra vida doméstica para arreglar sus pequeñas imperfecciones, renovarlos para cambiar el aspecto de las habitaciones de nuestra casa, construir nosotros mismos muebles y enseres que manejamos a diario. Nos explica el mantenimiento de una chimenea, nos enseña a eliminar el óxido de las bicicletas o a cambiar la tapa del inodoro. Isasaweis, -ah, ¿aún no lo había comentado? esta columna va sobre el estreno de “El mundo de Isasaweis” en Antena 3 el pasado sábado justo antes de “Bricomanía”-, también conduce un programa en donde se dan consejos para el mantenimiento de objetos cotidianos, con la única diferencia de que el objeto que atrae toda la atención de Isasaweis es su propia cara. Kristian pinta, lija, aplica agua y jabón a una colchoneta pinchada para localizar el agujero por el que pierde aire. Isasaweis pinta, lija y también aplica agua y jabón, pero lo hace a su propia cara para eliminar puntos negros y tonificar la piel.

La vecindad temporal entre “Bricomanía” y “El mundo de Isasaweis” provoca efectos inesperados. Al principio del estreno de Antena 3 yo veo a una persona que me saluda y me habla sobre los trucos de belleza que nos va a mostrar durante la siguiente media hora. Pero a continuación veo la cara de Isasaweis con una hoja de papel de cocina empapada en agua de arroz; después se coloca un par de calcetines dentro del pelo para hacer un moño a su alrededor; luego, siempre con su cara en primer plano, comienza a pintarla, poniendo tal tono de tal color en el arco inferior de las cejas para dar gran profundidad a la mirada y difuminando tal producto con tal pincel en el párpado móvil para que el ojo gane expresividad. Y al final, la cara de Isasaweis se ha vuelto un objeto más, como el pasamanos que Kristian enseña a construir o los topes para la puerta de los armarios que Kristian enseña a colocar. Un objeto extraño. Que habla. Una cara que habla sobre ella misma. Como el androide que toma la apariencia de María en el “Metrópolis” de Fritz Lang.