20 febrero 2013

EL POZO Y EL PÉNDULO



Como todas las series protagonizadas por un psicópata, “The following” (TNT) será un éxito si es capaz de mantener el interés a lo largo de la oscilación entre los preliminares y la culminación. Los preliminares nos presentaron a Joe Carroll, un asesino en serie obsesionado con Edgar Allan Poe, y a Ryan Hardy, un agente del FBI alcohólico que se ve obligado a sacarse a sí mismo de la ciénaga tirándose de los pelos, como hizo el barón de Münchhausen, para dar caza al asesino. De la culminación nadie duda que será emocionante y con algún que otro giro inesperado. El problema es la oscilación. 

Joe Carroll se ha convertido en el líder de una especie de secta, y sus chiflados seguidores están dispuestos no sólo a suicidarse públicamente con el cuerpo cubierto de frases de Poe, sino a buscar la belleza cometiendo horribles asesinatos. La admiración que los discípulos de Carroll sienten por este profesor universitario lector de “El cuervo” da la razón a Thomas Bernhard cuando decía que la admiración es propia del tonto y es más fácil que el respeto. Carroll se cree muy listo, pero los tontainas que le siguen no le respetan, sino que sólo le admiran. Los límites del lenguaje de Poe son los límites del mundo de Carroll. Los límites de los seguidores de Carroll son los límites del lenguaje de su líder. Esa oscilación no bastaría para llenar los capítulos entre los preliminares de “The following” y su culminación si no fuera por el personaje de Ryan Hardy, interpretado por el gran Kevin Bacon. La fuerza de “The following” no está en las escenas escabrosas, en los asesinatos con excusa literaria o en el marcapasos de Hardy, sino en la relación entre el asesino en serie y el agente del FBI. 

Si los guionistas de “The following” consiguen que Carroll y Hardy no queden sepultados por el psicópata y el alcohólico, la oscilación merecerá la pena. Se trata de encontrar el equilibrio entre el pozo y el péndulo que, por cierto, es el título de un cuento de Edgar Allan Poe.