02 febrero 2013

DESCONEXIÓN SAMANTA


Desconecto de “Conexión Samanta”. Hasta aquí llegamos. Quien se haya tragado el miércoles por la noche una larga y aburrida hora de mala televisión en Cuatro con la esperanza de que aún quedaba esperanza, lo entenderá. Samanta Villar (ex “21 días”) dio una clase magistral de cómo no debe ser el periodismo, cómo no debe hacerse televisión y cómo no debemos comportarnos las personas.

La emisión de “Conexión Samanta” titulada “Fenómenos paranormales” fue lo normal en estos casos: un desfile de ingenuos que gastan dinero y tiempo en humo y de timadores que viven de la ingenuidad y la debilidad ajena. También el muestrario de fraudes paranormales fue el habitual: guijas, fantasmas, voces y contactos con el más allá que se enfocaron de la peor manera imaginable: desconectando con el más acá. Samanta debería haber ofrecido a la audiencia algo más que una constante cara de pasmo y varios gritos nerviosos cuando le contaban el abecé del engañabobos, cuando la llevaban de noche a “investigar” a un lugar abandonado o cuando le hacían creer que se había ido la luz y que todo aquello era muy raro, muy extraño y muy paranormal.

Si la señora quiere jugar a ser una periodista neutral asistiendo en primera fila al espectáculo de cómo un timador engaña y despluma a una víctima, allá ella, pero debería haber mostrado después, siquiera en los últimos cinco minutos del programa, que tiene una mínima capacidad de análisis de las chifladuras que ha contribuido a difundir en su programa (“Ahora mismo ha pasado por aquí algún tipo de energía pululante”, dijo un tipo todo serio). También podía haber ofrecido la opinión de alguien sensato y cabal que se mostrara crítico con tanta superchería (Luis Alfonso Gámez, Javier Armentia, cualquiera que no crea en el ratoncito Pérez). No lo hizo. Para rematar el papelón de Villar, Cuatro reemitió esa noche una vieja entrega de “Conexión Samanta” igual de mala, acrítica y dañina dedicada a los exorcismos. Vista tanta conexión con el más allá es mejor desconectar y quedarse más acá con los pies en el suelo.